lunes, 27 de octubre de 2014

DONDE ESTAMOS PARADOS?

En los últimos meses una especie de tsunami parece haber arrasado con los mercados lecheros a nivel mundial. Al influjo de una demanda deprimida y un exceso de oferta (difícil saber cuál de las dos va primero), los precios han caído un 50% y, como siempre sucede en estos casos, los compradores se retraen esperando una baja mayor. En el lado de la oferta Nueva Zelanda, Europa y Estados Unidos, los mayores actores del comercio mundial de lácteos, han crecido y prometen al menos un años más de crecimiento impulsados por el clima (NZ), la eliminación de las cuotas (Europa) y los bajos precios de los granos (EEUU). En la demanda China retraída consumiendo altos stocks y aumentado su producción (ya hay quienes dicen que si el crecimiento de la producción China continúa en 5 años estaría llegando al autoabastecimiento), otros compradores de importancia como Argelia abastecidos por Europa y EEUU y en el mercado regional, refugio que nos ha protegido tantas veces de las turbulencias mundiales, esta vez las cosas no pintan bien. En efecto, tal como era previsible, Brasil está alcanzando su autoabastecimiento y salvo factores climáticos de excepción, va a pasar a ser un mercado marginal para nosotros. Venezuela, comprador de gran importancia sobretodo en quesos, arrastra una crisis de imprevisible final, que la retrae de las compras y lo que es peor también de los pagos, lo que hace difícil considerarla como un destino principal de nuestra producción. Rusia que pareció ser una alternativa salvadora, es en realidad un arma de doble filo, ya que si bien nos compra más de lo que compraba, al no comprar a otros abastecedores sobre todo europeos, genera mayor presión bajista sobre los mercados mundiales.
Significan esta situación, que volvemos a la “larga noche” que vivimos cuando la aplicación de los subsidios generaba que la leche en polvo se vendía a menos de la mitad de lo que costaba producirla? Los mejores analistas de mercado coinciden en afirmar que NO. La urbanización creciente, el cambio en las costumbres alimentarias, la alimentación infantil en base a preparados específicos, el crecimiento demográfico de zonas con mayor desarrollo económico y muchas razones más nos impulsan a creer firmemente que la demanda por leche y productos lácteos va a superar en el corto y mediano plazo nuestra capacidad de producir.
Cuánto va a durar entonces esta onda negativa de los mercados? Ahí sí que tenemos respuestas para todos los gustos. Goldman Sachs anunció hace ya varios meses que el mundo iba demorar al menos 2 años en consumir la sobreproducción de lácteos, otros como Rabbobank sitúan un cambio de tendencia en el segundo semestre de 2015 y algunos dirigentes locales dejan entrever que “no hay problema”.
Como sea que finalmente ocurra, es muy importante que una crisis, que seguramente va a ser coyuntural y de no demasiado larga duración, no genere condiciones que afecten gravemente el desarrollo del sector en el largo plazo. En nuestra opinión tenemos que blindar” a la lechería nacional para evitar la salida de productores del sector y/o la venta de una parte importante del stock lechero, particularmente terneras.

El año 2015 va a ser un año de comienzos y tal vez, ojalá así sea, podamos encontrar los apoyos y las ideas para formular una política lechera de largo plazo que nos permita crecer pero además desarrollarnos, para enfrentar fuertes de verdad los vaivenes de los mercados, antes que sea tarde.

lunes, 11 de agosto de 2014

Pa’ delante están las casas.

Las noticias no son buenas, finalmente, después de un año de muy buenos precios la caída en las cotizaciones de los lácteos parece no tener fondo. Peor aún, estamos entrando en la primavera y no hay una fluidez de ventas que permita por lo menos asegurar un precio piso y ahuyentar los fantasmas de los grandes stocks que obligan a fabricar productos sin destino predeterminado y por lo tanto de menor precio.
El fenómeno era razonablemente previsible, aunque no en su magnitud e intensidad. Los mercados, todos lo dicen, son inestables y dependen en gran medida de lo que haga o deje de hacer el gran comprador: China y de cómo produzcan o dejen de producir los grandes jugadores: Nueva Zelanda, EEUU y Europa. Para nosotros que siempre estamos “zafando del descenso” se vuelve muy importante el comercio regional con Brasil y Venezuela. Una evaluación rápida de nuestros mercados nos dice que es muy poco probable que tengamos ni cerca, los precios que teníamos hasta hace un mes atrás. Venezuela complicada, Brasil trancado y cada vez más autoabastecido y el resto lo podemos observar a través de las licitaciones de la GDT y ahí vemos que se está repitiendo la gráfica de 2008, aunque sin la melamina, por suerte. Algunos analistas como Goldman Sachs auguran que la caída durará al menos 2 años por un importante desfasaje entre la oferta y la demanda (mayor producción en EEUU y Europa y menor aumento del consumo en China), otros piensan que en cuanto China vuelva a operar en el mercado la situación se estabilizará en un nivel de precios más razonable. Como siempre hay analistas para todos los futuros posibles.
Esto no significa que la visión de largo plazo que nos muestra un mundo demandante de lácteos y en el que nuestra región juega un papel principal como abastecedor, se haya caído. Por el contrario los fundamentos de esa hipótesis están plenamente vigentes y los problemas coyunturales como el que estamos viviendo, lo que nos muestran es cuán inestables son las relaciones comerciales de nuestro sector en un mundo globalizado e interdependiente donde interactúan una multiplicidad de factores cuyo efecto no podemos manejar y muchas veces ni siquiera prever.
Los chinos, cuya sabiduría milenaria nadie discute, escriben la palabra crisis con dos signos; uno significa peligro y el otro oportunidad. Tal vez nosotros debamos utilizar estas crisis para al fin definir una estrategia de largo plazo para el desarrollo de nuestra lechería. Tal vez alguno piense que estoy planteando algo irrealizable en un País como el nuestro poco afecto a generar políticas de Estado sectoriales. Sin embargo, si analizamos la historia de la lechería uruguaya al menos en dos oportunidades encontraremos definiciones como las que reclamo. La primera de ellas es sin lugar a dudas la que condujo a la creación por ley, de nuestra cooperativa, ordenando y definiendo la producción por un período más que extenso con un involucramiento directa del Estado. La segunda se dio por los años 80 cuando se replanteó la estrategia de inserción comercial del sector abriéndose a la exportación impulsado por un fenomenal cambio en la base productiva con la utilización de las praderas sustituyendo a los afrechillos y avenas. El Estado acompañó este cambio con la suscripción de acuerdos comerciales con Argentina (CAUCE) y Brasil (PEC) además del tratado de libre comercio con Mexico.
Por eso podemos pensar que hoy tenemos la oportunidad de avanzar profundizando los modelos que optimizan nuestras ventajas para producir. No me sirve que me digan que tenemos modelos de 18.000 lts.leche/há si el pasto es menos del 40% de la dieta de esas vacas. Tenemos que investigar en como producir y consumir más pasto en nuestros establecimientos. No podemos seguir vendiendo nuestras terneras cuando hace años que no crecemos en el stock de vacas y cuando la dotación es un factor clave para aumentar el aprovechamiento del pasto. Estamos mal reproductivamente hablando y no investigamos suficientemente en ello. La lista es larga y son muchos los deberes que nos faltan realizar . Al fin, tenemos que proyectar la lechería uruguaya del siglo XXI que deberá ser con más leche, más leche por há, más vacas, más productores, más mercados. Haciendo base en nuestras fortalezas que son muchas pero corrigiendo nuestras debilidades que son importantes.

Así, cumpliendo cada uno, gobierno, industria y productores, su parte en este proceso, podremos avanzar en medio de las dificultades que no dudamos van a ser muchas y difíciles de superar, pero que, como no enseña nuestra propia historia, podremos vencerlas. Como el título: Pa’ delante están las casas. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

TENEMOS UN PROBLEMA…

Cuando analizamos las cifras de nuestra lechería y una vez que salimos del elogio fácil y nos proponemos generar un camino de crecimiento sólido hacia el futuro, nos viene a la mente la ya famosa frase de los astronautas del Apolo 13 “Houston, tenemos un problema”. Para definir el problema y con ello encontrar los caminos de solución, se hace necesario situarnos en los sistemas de producción predominantes en nuestro País y su evolución reciente.
En recientes actividades del sector, particularmente en el FOPROLE, se analizaron en profundidad las diferentes opciones productivas y cómo los productores uruguayos se han posicionado frente a ellas. El Ing. Chilibroste, que encabeza el equipo que formuló e implementa el Plan Estratégico de Conaprole en lo referente la producción primaria a través de los proyectos de Producción Competitiva y Apoyo a la Gestión Lechera, nos mostró con una importante base de datos producto de varios años de trabajo, cómo los productores hemos intensificado fuertemente la producción situándonos a medio camino entre los sistemas basados en una altísima producción individual y los sistemas de baja producción individual con muy altas cargas.
Los resultados económicos muestran en forma consistente a lo largo de los años que aquellos productores que logran consumir la mayor cantidad de materia seca producida en su establecimiento en forma de pasto cosechado directamente por sus vacas, manteniendo buenas producciones individuales, son los que obtienen mejores ingresos y márgenes. Recordemos la frase del Ing. Chilibroste haciendo énfasis en no despreciar la incorporación de 2 kgs. de pasto en la dieta por el importante impacto económico que tiene.
También quedó claro que continuar en el proceso de intensificación implicará la toma de decisiones hacia uno u otro modelo con más o menos inversiones en infraestructura, ganado, maquinaria, etc. Al decir del abuelo del Ing. Yamandú Acosta “ al navegante que no sabe a dónde va
ningún viento le viene bien”; en otras palabras debemos tener muy claro que para seguir creciendo tenemos que tomar decisiones claras sobre las bases productivas de ese crecimiento.
A pesar de carecer de una investigación nacional en el tema, la información disponible, tal como lo mencionáramos, apunta a que, en nuestro País, inserto en el mundo “encerrado” del que nos hablaba el Cdor. Nuñez, el crecimiento de la producción lechera deberá tener como protagonista principal al pasto consumido por las vacas.
Definido el escenario sobre el que deberemos movernos, el aumento de carga de vacas en nuestros sistemas es una condición imprescindible para aumentar el consumo de pasto. Aquí es donde aparece el problema: nuestra población de vacas no aumenta con el ritmo requerido y lo que es peor aún las categorías jóvenes tampoco. Las cifras publicadas por DICOSE nos muestran un modesto aumento del 4,5% de las vacas masa pero una disminución de las categorías + de 2 años del orden del 25% , del 11% en la de 1 a 2 años y de un 6% en las terneras, lo que finalmente nos muestra un decrecimiento del 1% del rodeo total.
En los trabajos realizados por el Ing. Jorge Artagaveytia se muestra que, los productores que llevan los registros del programa de costos de Conaprole, el porcentaje de vacas que paren por año es del orden del 70%. Si a eso le sumamos las informaciones de Mejoramiento Lechero sobre la edad al primer parto y el número de lactancias útiles y las informaciones del Dr. Repetto acerca de las dificultades y mortalidad en la cría y recría, los números de Dicose no pueden sorprendernos.
Tengamos en cuenta que en este último año no se realizaron exportaciones de terneras, lo que hubiera agravado aún más la situación descripta.
En los últimos años hemos perdido productores y tierra, apenas logramos mantener nuestro rodeo, pero aumentamos significativamente la producción. Más leche con las mismas vacas tiene un techo biológico/económico cercano y variable en nuestros sistemas. Para mantener el crecimiento en forma sustentable deberemos, entre otras muchas cosas, aumentar el número de vacas y eso requiere un trabajo profundo desde muchas áreas para mejorar los aspectos reproductivos, la cría y la recría de nuestras terneras.

La importancia que se dé a este problema y por lo tanto los recursos que se destinen al mismo dependerá ciertamente de cómo se vea el futuro de la lechería y el rumbo a seguir, parafraseando al abuelo de Yamandú saber a dónde ir para aprovechar los buenos vientos.

lunes, 8 de abril de 2013

Precio de la leche: Estamos frente a una burbuja?


En las últimas semanas hemos asistido a una disparada de los precios internacionales de los lácteos, al menos de los precios que medimos a través de las subastas de la Global Dairy Trade. La baja de producción de las principales regiones productoras de leche del mundo, el aumento del consumo especialmente de China y la aparición a último momento de una importante sequía en Nueva Zelanda generaron las condiciones para un explosivo e inesperado crecimiento de los precios fundamentalmente de la leche en polvo entera que superó la barrera de los US$ 5000 por tonelada. La suba de precios era esperada por los analistas desde hace algunos meses y sólo se había demorado en función de los altos stocks que habían acumulado grandes compradores, la sequía de Nueva Zelanda actuó como disparador generando en los mercados la sensación de inseguridad de abastecimiento en los próximos meses.
Según Rabbobank esta situación se mantendría en los próximos meses y luego tendría un “aterrizaje” suave en la medida que comience la nueva zafra de Nueva Zelanda y la anunciada baja de los granos a nivel global abarate los precios de producción de otras regiones productoras especialmente Estados Unidos.
La gráfica de precios que publica la GDT tiende a parecerse mucho a la de 2007/2008 cuando tuvimos una abrupta subida de precios seguida de una profunda depresión. En aquella oportunidad el efecto “melamina” generó graves distorsiones en el mercado con caídas de precios que todos recordamos. Los compradores de las subastas quincenales de Fonterra parecen pensar que efectivamente hacia la primavera austral habrá un ajuste a la baja en los precios. En la última licitación del 2 de abril ppdo. Los contratos con entregas a setiembre y octubre tuvieron precios del orden de los US$ 4800 a 4600, e incluso en los contratos de setiembre se produjo una caída del 7,9% con respecto a la licitación anterior.
En nuestro país los operadores insisten que los precios de las licitaciones no se han alcanzado, al menos en los mercados a los que Uruguay vende su producción, lo cual es razonable porque las compras que elevaron los precios están, como ya fue dicho, lideradas por China y los mercados regionales presentan otra dinámica que en los meses anteriores nos favoreció pero que hoy no convalida integralmente los movimientos de precios del mercado global.
Brasil con bajas tasas de crecimiento en su PBI, con un nivel autoabastecimiento del orden del 97% y un crecimiento de la captación de leche por las industrias del 2,5% en el último año, no parece ser en un futuro cercano un destino cierto para un porcentaje importante de nuestras exportaciones, como sí lo fue en 2012. A esto se debe sumar que el gobierno de Brasil se ha fijado como objetivo reanudar en 2014 las exportaciones de lácteos y para ello viene adoptando una serie de medidas de apoyo e incentivo a la producción que incluyen créditos con tasas negativas entre otras tantas.
Venezuela, sumida en una crisis político-institucional de imprevisible resultado, ha prácticamente destruido su producción lechera y seguirá siendo un cliente preferencial de los lácteos uruguayos cualquiera sea el gobierno que finalmente asuma. Sin embargo, es muy poco probable que pueda seguir pagando los precios que hasta ahora pagó e incluso puede darse que por períodos se pueda ver afectada su continuidad en las compras. Más temprano que tarde la economía venezolana tendrá que darse un “baño de realidad” con precios del petróleo a la baja, un enorme endeudamiento, déficit fiscal descomunal y eso se dará con el próximo gobierno sea del signo que sea.
Estos elementos citados precedentemente, a los que se debe agregar la previsible baja de los precios de los granos en el mundo y según auguran los que de ello saben, una baja en los precios del petróleo, nos delimitan un escenario de futuro en el que es probable que el 2014 nos encuentre con alta oferta de leche y baja demanda por lo menos en “nuestros” mercados.
Lo expresado en los párrafos anteriores no pretende ser un pronóstico, hay muchas variables que pueden influir en uno u otro sentido, pero sí pretende ser un aporte para caracterizar la situación actual y no pensar y actuar como si los precios actuales se mantuvieran en forma permanente.
Una vez más se hace imprescindible consolidar alternativas comerciales extra regionales, para ello tenemos que trabajar de la portera para adentro en sistemas que nos permitan crecer y tener rentabilidad con los precios que recibiremos al exportar a mercados donde no contamos con protecciones arancelarias y donde, al menos por ahora, no tendremos tratados de libre comercio.
En nuestra realidad uruguaya de hoy, de altos costos internos, atraso cambiario, déficit fiscal elevado, alta inflación y lo que es peor una absoluta carencia de políticas sectoriales que apunten a resolver los verdaderos problemas y limitantes que enfrenta nuestra lechería, no parece fácil navegar en aguas tormentosas, pero aún tenemos tiempo para tomar las decisiones correctas y contamos para ello con muchas más fortalezas que debilidades.  

sábado, 19 de enero de 2013

Las vacas, la leche y el Sr. Gini.


El Sr. Corrado Gini fue, entre otras cosas, un renombrado estadístico que investigó a principios del siglo pasado la distribución del ingreso en una población y creó un coeficiente que lleva su nombre, que sirve para medir las desigualdades de distintas poblaciones. En una perfecta igualdad de distribución, todos los individuos tienen lo mismo, el índice es 0 y en una perfecta desigualdad, un individuo tiene todo y los demás nada, el valor de este coeficiente es 1. El índice es comúnmente utilizado para medir el ingreso de la población de los diferentes países y varía entre los que tienen mejor distribución como Noruega, Suecia, que tienen valores del orden de 0,24 a los que presentan peores distribuciones como Sudáfrica o Namibia con valores del orden de 0,65. Nuestro País se encuentra en el puesto 114 (en una lista de 160 países publicada por la ONU ) con un valor del índice de Gini de 0,453. En términos prácticos y a los efectos de una mejor visualización de lo que significa este valor, podemos decir que, en nuestro País, el 20% de la población más rica tiene 20 veces más ingresos que el 20% más pobre.
Cuando aplicamos este índice a nuestra población de vacas lecheras tomando como base las cifras de la Declaración Jurada de Dicose 2012, haciendo la salvedad que para hacer el cálculo se debió asumir que dentro de los rangos de productores en los que se agrupan los datos, la distribución es igual, (lo que obviamente no es así y constituye una fuente de error que se asume no genera variaciones significativas en el cálculo final), se obtienen valores que nos permiten analizar el comportamiento de nuestro sector en el pasado reciente y presentar algunas hipótesis sobre las posibilidades de crecimiento en el futuro.
Nuestra población de vacas lecheras se distribuye entre los tambos con un índice de Gini de 0,53 lo que, utilizando el mismo mecanismo de ejemplo del párrafo anterior, implica que el 20% de los tambos más grandes tiene 25 veces más vacas que el 20 % de los tambos más chicos. Importa señalar que estamos hablando de Nos. de Dicose y que un propietario puede tener, y efectivamente es así , y sobre todo entre las empresas mayores , varios “Dicoses” diferentes, con lo cual la concentración medida no ya en establecimientos sino en propietarios, seguramente será mayor.

El Instituto Nacional para el Mejoramiento Lechero ha publicado recientemente una descripción de lo que ellos denominan la “vaca promedio” de un rodeo de 50.000 animales de los que se llevan registros en esa institución, información referida a los últimos 5 años (2007-2011). Estos datos provienen de tambos que realizan registros y controles de producción por lo que cabe suponer que se encuentran, por lo menos, de la mitad hacia arriba en cuanto a su desarrollo tecnológico. Esta “vaca promedio” nos dice que tiene su primer parto a los 35.9 meses y su descarte entre los siete y ocho años. Al mismo tiempo nos informan que las vacas tienen 4 lactancias en ese período y que el intervalo interparto es de alrededor de 15 meses. De esta información podemos deducir que un 25% de las vacas son descartadas promedialmente cada año.
DICOSE en la declaración jurada correspondiente al año 2012 fija el total vacas lecheras en 442.846 (se han tomado las vacas correspondientes a propias en el establecimiento y ajenas en el establecimiento a los efectos de evitar duplicaciones) por lo que deberíamos asumir, en función de la información que nos proporciona el INML que se descartarán 110.000 vacas lecheras en el ejercicio 2012/13. Para reponer estas vacas descartadas, y también siguiendo los parámetros antes indicados, contamos sólo con 53.713 vaquillonas de más de 2 años que deberían estar todas preñadas. Si el sector hubiera adoptado en forma masiva una intensificación en la recría, de lo cual no tenemos ninguna información que permita suponerlo, podríamos recurrir a la categoría de terneras de 1 a 2 años que son 89.505 pero necesitaríamos que 56.000 de esas terneras estuvieran pariendo en este ejercicio o sea el 63% de las mismas, lo que no aparece como muy probable.
La realidad nos muestra que sólo logramos un 59% de parición de nuestras vacas lecheras, lo que contribuye a agravar más aún el panorama planteado precedentemente. Si a estas cifras de por sí preocupantes les agregamos que en los 2 últimos años se han exportado más de 60.000 terneras, queda muy claro que enfrentamos un serio obstáculo para pensar en un proceso de crecimiento sostenido de nuestra lechería. Lamentablemente, este no es un problema nuevo ni reciente. Nueva Zelanda, nuestro principal competidor en los mercados mundiales y por ello referente ineludible, cuenta con un rodeo de 6:500.000 de vacas lecheras y lo ha duplicado en los últimos 30 años, Uruguay en el mismo período apenas multiplicó por 1,25 sus vacas lecheras. Es cierto que en último ejercicio de acuerdo con las cifras de DICOSE, el número de vacas lecheras aumentó un 4,5% (19.052 vacas) pero en función de las cifras de reposición analizadas tanto de este ejercicio, como del anterior se puede razonablemente pensar que frente a una muy buena situación de precios y resultado del negocio, muchos productores optaron por disminuir el refugo anual, (lamentablemente no hemos podido obtener cifras oficiales que confirmen esta teoría).
Esta debilidad para el crecimiento de nuestro sector aparece uniformemente distribuida en todos los estratos en los que DICOSE separa a los productores siendo un poco mejor en los productores de más de 500 hás (14,43% terneras de + de 2 años) pero de cualquier manera insuficiente para una correcta reposición.

Dentro de los pocos trabajos que se realizan en nuestro País sobre análisis de resultados y aplicación de sistemas lecheros son muy destacables los que lleva adelante Conaprole en sus programas de Producción Competitiva y Apoyo a la gestión Lechera, cuya dirección está a cargo del Ing. Chilibroste, complementados por el seguimiento de costos de un número importante de productores por parte del equipo cuyo responsable es el Ing. Jorge Artagaveytia. No es el propósito de esta comunicación analizar en profundidad los datos que surgen de estos importantes trabajos, pero la información que surge de los mismos indica que, más allá de la importantísima función que cumple la capacidad de gestión del productor cualquiera sea el sistema utilizado, los modelos más exitosos son aquellos que logran consumir de mejor forma la materia seca proveniente de las pasturas de los establecimientos, con un equilibrado uso –no excesivo- de las reservas y concentrados. La clave para una mejor utilización de nuestras praderas y verdeos es sin dudas el manejo de las mismas, y dentro de ese manejo la dotación juega un papel central. La obtención de mejores márgenes por há, objetivo primordial en la empresa lechera, va de la mano con la capacidad de consumir la mayor cantidad posible del pasto que producimos. Las cifras de hoy nos dicen que sólo consumimos entre 3000 a 4000 Kg/MS/há/año cuando seguramente producimos entre 6000 a 8000 kg/MS/há/año. Es conocido que existen grupos de productores que ya están superando los 12000 kg/MS/há/año, como el Grupo Agua y Leche de la zona de Kiyú.

Las perspectivas de crecimiento del sector lechero uruguayo se encuentran enmarcadas en un escenario internacional muy bueno, a pesar de los vaivenes y volatilidades propias del mercado global en el que nos toca vivir. Se cuenta con un sector bien estructurado con muy buena capacidad industrial y una muy fuerte organización cooperativa que asegura a los productores transparencia en la gestión y máxima transferencia de recursos al precio de la leche. Los problemas que hemos enunciado en los párrafos anteriores son, a nuestro juicio, fuertes restricciones que deberá levantar el sector para poder seguir creciendo y desarrollándose en forma sólida. La fuerte concentración tanto de la producción como de las vacas y la tierra dentro del sector hace que las decisiones de muy pocos productores tengan un gran impacto, por lo que es estratégicamente muy importante equilibrar el desarrollo de los distintos niveles de productores. En el corto plazo la posibilidad de consolidar un crecimiento genuino, pasa entre otros aspectos, por superar los problemas asociados al bajo número de terneras y vaquillonas disponibles para aumentar significativamente el rodeo lechero. La investigación en sistemas lecheros que sean consistentes con la inserción internacional de nuestro comercio y con nuestra capacidad de producción, nos permitiría analizar los avances tecnológicos como partes de un todo con sentido racional desde el punto de vista económico, ambiental y humano. La lechería en nuestro Uruguay debería ser en un no muy lejano día, uno de los principales rubros de exportación con capacidad para captar tierras y nuevos productores, pero eso depende en gran medida, de la capacidad que tengamos como País de tomar hoy las decisiones en el camino correcto. 

sábado, 24 de noviembre de 2012

LECHERIA: LO QUE NOS DEJAN LAS CIFRAS DE DICOSE


La publicación de las cifras de la última declaración jurada de DICOSE en lo que refiere al sector lechero, nos muestra que el crecimiento de la producción lechera que se produjo en los últimos 2 años enfrenta algunas limitantes que se deberán levantar para continuar creciendo en forma sostenida. Lamentablemente, no es totalmente compartible la opinión generalizada acerca de la influencia negativa del clima en la disminución de la producción en la primavera 2012. Si analizamos las bases de la explosión productiva del último año y medio, encontraremos que lo que en realidad se dio fue una especie de utilización mayor de la “capacidad ociosa” de nuestras vacas lecheras mediante el uso de concentrados en cantidades crecientes .Así, con las mismas vacas, las misma superficie lechera y casi la misma cantidad de productores se aumentó significativamente la producción de leche. Esta “toma de ventajas” por parte de los productores tiene la característica de ser muy elástica y, en tanto las condiciones económicas de margen que le dieron origen cambien, fácilmente revertible. A mi juicio, frente a una disminución del precio de la leche y el aumento de los concentrados, así como una percepción de incertidumbres en el futuro inmediato, muchos productores “bajaron un cambio” y de ahí el resultado productivo generado.
Esta coyuntura planteada en la primavera 2012, nos hace reflexionar acerca de la evolución reciente del sector y, a través de las cifras de Dicose, aventurar una opinión sobre las posibilidades de mantener un crecimiento consistente de la lechería uruguaya.
En primer término corresponde comprobar que el número de productores, haciendo la salvedad que rige para todo este análisis, que nos referimos a predios lecheros con número de Dicose y no estrictamente a productores o empresas, no tiene variaciones significativas; hay 86 productores menos (-1,9%), y tampoco hay variaciones significativas en cada uno de los estratos por tamaño definidos por Dicose.
En segundo término, no hay tampoco variaciones significativas en el área dedicada a la lechería, 846.690 hás en 2012, vs 856566 hás en 2011 (-0,8%). En principio esto destruye el mito que afirma que la lechería está perdiendo tierras frente a la agricultura, habría que abrir los datos por departamentos para comprobar si esta afirmación es válida en todos los casos. Se mantiene también, y parece ser unos de los puntos débiles de nuestro sector, el porcentaje de tierra arrendada en torno al 50%.
En tercer término, los litros de leche aumentan un 11,6% en el ejercicio cifra que es manejada por todos y que a junio 2012 ya muestra una desaceleración de los porcentajes de incremento registrados el pasado año.
En cuarto lugar, la superficie de praderas tiene un leve incremento (2,7%) y los cultivos anuales no presentan variación aunque se mantienen en una proporción elevada (40% del área forrajera sembrada).
En quinto lugar, las vacas lecheras aún con un leve aumento del 5% mantienen una tendencia de estancamiento que se observa desde hace muchos años. Lo grave es que si analizamos el número de vaquillonas de más de 2 años, que obviamente constituyen la reposición del natural refugo anual de los tambos, éstas sólo alcanzan al 11,74% del rodeo adulto lo que constituye una fuerte limitación al crecimiento del rodeo y por lo tanto al crecimiento consistente de la producción. Recordemos, sólo a modo de ejemplo, que Nueva Zelanda duplicó su rodeo lechero en los últimos 10 años. Más complejo se torna elpanorama si sumamos al análisis la categoría de terneras de 1 a 2 años, ya que sólo suman el 19% de las vacas masa. Conociendo datos de nuestro rodeo que fijan la edad promedio del primer parto en el entorno de los 36 meses, y sabiendo que aún enlentecida la exportación de terneras está activa, el panorama no es muy halagüeño. Esta limtante impide no sólo pensar en un aumento de carga, necesario para dotar de rentabilidad a nuestros sistemas pastoriles, sino que prácticamente elimina la posibilidad de selección con el agravante de que se quedan las terneras que dan positivas a leucosis, lo que tiende a aumentar la incidencia de esta enfermedad en el rodeo nacional.
Por último corresponde una reflexión acerca de la distribución de la producción de leche en los diferentes estratos en los que Dicose divide a los productores. Los tres estratos inferiores, que abarcan a los productores de menos de 100 hás, corresponden a 1866 establecimientos que son el 65% de los que se dedican a lechería como rubro principal y producen sólo el 15% de la leche total. El otro 85% es producido por 1546 establecimientos (algunos de los cuales de la misma empresa, p.ej. NZFUruguay) y 1021 establecimientos que presentan otros giros productivos en las explotaciones.
Pensar el futuro de nuestra lechería asumiendo los retos del crecimiento implica un análisis serio y profundo de las limitantes expuestas, proponer soluciones y proyectos que apunten a los verdaderos problemas y a fortalecer lo bueno que en todo este tiempo se ha hecho, que por suerte es mucho.

viernes, 29 de julio de 2011

Apuntes sobre la situación actual de la comercialización de leche para el consumo.

1-Introducción. En los últimos años hemos asistido a una gradual desintegración del régimen de comercialización de leche de consumo que rigió, con pequeñas variaciones, en nuestro País durante los últimos 50 años . A partir del Decreto-Ley 15640, que de hecho consagró el fin del monopolio de Conaprole y una especie de “competencia” regulada y culminando con el Decreto 129/008 que elimina la fijación del precio al productor, pero mantiene la fijación del precio al consumidor, se han ido procesando una serie de cambios, que apuntan a liberalizar el mercado de la leche fluida para consumo y en cierta manera, reconocen la nueva situación de una lechería cada vez más exportadora. El accionar del gobierno ha generado un escenario en el que, en la medida en que no se establecen parámetros claros y consensuados sobre el ajuste del precio, se ha producido una profunda distorsión que implica importantes transferencias de recursos desde el sector productor al sector consumidor.

2-El consumo de leche pasteurizada. Según datos de DIEA, el consumo de leche pasteurizada alcanzó en el año 2010, los 154 millones de litros con un crecimiento del 4% con respecto al año 2009. Analizando los datos disponibles de la última encuesta sobre consumo de alimentos en los hogares del INE encontramos que la leche pasteurizada es el producto lácteo más adquirido en los hogares uruguayos. Si desmenuzamos la información disponible encontramos que a nivel de 20% de la población de menores ingresos el consumo es de 147grs/día/persona, mientras que en el 20% superior ese consumo alcanza los 229 grs/día/persona, siendo la media 211 grs. Hay que resaltar que estamos hablando de leche pasteurizada entera, ya que en los hogares de mayores ingresos pasa a tener relevancia el consumo de leches descremadas, larga vida etc. También es importante resaltar que el consumo de leche cruda o “de tambo”, es muy importante sobre todo en el interior del País y más aún en las pequeñas localidades alcanzando los 34 grs/día/persona en promedio y los 54 grs/día/persona en los hogares más pobres.

3-La historia. Cuando en 1935 se aprobó la ley de fundación de la Conaprole, la comercialización de leche en el Uruguay atravesaba un perfecto caos de libre comercialización con productores que no cobraban su leche, desabastecimiento, dudosa calidad del producto y empresas que se fundían. La ley 9526 que creó la Cooperativa Nacional de Productores de Leche fue una de las más importantes formulaciones de políticas de estado con respecto al sector lechero que se hayan realizado en nuestra historia. En sus fines principales figuraba asegurar a la población el abastecimiento de leche para el consumo y para los productores la seguridad de la comercialización. Ya en esa ley se fijan los principios de la “leche cuota” y en leyes posteriores (9899, 10707, 15640) se reafirma y consolida un intrincado sistema de distribución y comercialización de los derechos sobre la misma, en lo que a los productores de Conaprole, se refiere. La ley 18242 que creó el INALE le pone entre sus cometidos estudiar y sugerir un sistema de comercialización de leche, cosa que hasta el momento no ha cumplido. El decreto 129/008 deja sin efecto a partir de marzo de 2008 la fijación del precio al productor, pero no elimina el régimen de cuotas vigente para Conaprole, por lo que, en los hechos, obliga a la Cooperativa a mantener su vigencia ya que, entre otras cosas, determina el número de votos por matrícula en la elección de las autoridades de la empresa. Al mismo tiempo, luego de más de 70 años de vigencia de la “leche cuota”, muchos precios relativos del sector se relacionan con el mismo. De ellos el más importante, sin lugar a dudas, es el de los arrendamientos en un sector que arrienda más del 50% de la superficie que trabaja. Al congelar el valor durante ya 3 años, se ha generado una importante distorsión de precios, en un momento en que la competencia por la tierra es particularmente dura.

3- Los beneficiarios y los perjudicados. De acuerdo a la situación actual la diferencia de precios entre la leche industria y la de consumo se encuentra en el orden de US$ 0,12 /lt lo que determina una pérdida de ingresos de US$ 1,5 millones/mes para los productores. Este traslado involuntario y coercitivo de recursos hacia el sector consumidor tiene, según ya vimos en el punto2, como principales destinatarios – más del 80%- a los sectores de medios y altos ingresos. Como un dato adicional, pero no menor, en el período considerado, los ingresos de los hogares uruguayos crecieron en el orden del 30%, estando actualmente entorno a los $32000/mes. Un aumento de $2 por litro, como el reclamado por los productores, implicaría a un hogar que consumiera 2 litros por día (más que el promedio) un gasto adicional de $ 120/mes o sea un 0,004 % de los ingresos. Desde el punto de vista de la inflación, la leche pasteurizada casi no tiene incidencia ocupando un 0,6185% del IPC, frente a un 26,0566 de los alimentos.

Como el sistema de cuotas continúa vigente, los productores más pequeños, que reciben una proporción más alta de leche cuota, son los más perjudicados. En el caso de Conaprole esa cifra alcanza a casi 500 productores, pero en casos como el de Coleme son el 100% de los productores perjudicados.

Desde el punto de vista de la industria, y sin entrar en un análisis de costos industriales, en un escenario de creciente competencia por la materia prima, aquellas industrias que no tengan compromiso de abastecimiento del mercado de leche fluida, podrán pagar un plus a sus productores o a quienes quieran captar.

4-Posibles caminos. La primer medida urgente y sin dilaciones debe ser un ajuste del precio de la leche de consumo no inferior a $2 que permitiría corregir hacia adelante, el desfasaje actual. En segundo término, pero no dilatado en el tiempo, deberíamos definir como País, que esquema de comercialización de leche pasteurizada vamos a seguir; mercado libre o regulado. Después de 75 años de mercado regulado no parece posible, en lo inmediato, un desregulación total y brusca del mismo. Aceptar un mercado regulado implica aceptar la existencia de reglas de juego consensuadas y un escenario en la ningún actor sea el “dueño” del precio. Las fórmulas de ajuste no deberían ser difíciles de encontrar un vez que exista la voluntad política para ello.




sábado, 16 de julio de 2011

ACLARANDO LA LECHE


En los últimos días se han renovado los reclamos para actualizar el precio de la leche de consumo que se encuentra congelado desde hace ya 3 años. La permanente suba de los precios internacionales ha hecho que la brecha que separa el precio de la llamada “leche cuota” de la industria se encuentre hoy cerca de los $2 y esto hace que de hecho, se opere una transferencia de recursos desde el sector productor al consumidor del orden de US$ 1,5 millones mensuales.

Esta situación, que de por sí es grave porque genera una forma de subsidio encubierto y por decreto, presenta distintos aspectos, que a mi juicio, la hacen más injusta y rechazable.

Un primer aspecto lo constituye el destino de los fondos transferidos, que eventualmente podría “justificar” el aporte. Para analizarlo recurriremos a la Encuesta de Hogares del INE que nos muestra que el 20% de los hogares más pobres de nuestra población, (que no todo está bajo la línea de pobreza), consume menos del 20% de la leche pasteurizada. En buen romance cerca del 80% de la transferencia de recursos que se opera por el precio congelado de la leche va a parar a hogares de ingresos medios y medio-altos.

Un segundo aspecto que podemos analizar es el referido al origen de los recursos. El Decreto 129/008 que eliminó la fijación del precio al productor manteniendo la fijación al público, no tomó en cuenta el particular entramado que más de 50 años generaron alrededor de la “leche cuota”. En el caso de Conaprole, por lejos la empresa más afectada, la distribución de la cuota se opera a través de mecanismos legales y cada litro por encima de los 60 iniciales se comercializaba con obligación de compra y venta en relación a los volúmenes de remisión. Este mecanismo, con 60 litros iniciales para todos los productores, hace que la leche de consumo sea un proporción mayor en los productores de menor remisión, y son entonces estos pequeños productores los más afectados al recibir un menor precio promedio. Esta situación se agrava en algunas plantas del interior, caso Coleme, en donde por ser único abastecedor de la ciudad la proporción de leche de consumo es mayor.

Un tercer aspecto está referido a la competitividad de las empresas que abastecen de leche a la población. En efecto, al trasladarse este menor precio a los productores remitentes, las empresas que abastecen el mercado de leche pasteurizada quedan en desventaja para competir por la captación de leche, con aquellas que no participan de este segmento de mercado. En un escenario, en donde se presume con la llegada de inversiones extranjeras, una fuerte competencia por la materia prima, esta situación tiende a configurar un desestímulo para el abastecimiento de leche y un situación desventajosa para aquellas empresas, como lo es claramente Conaprole, que están “obligadas” en este mercado.

En conclusión, el tema del precio de la leche de consumo está siendo manejado de forma tal que opera en contra de los fines propuestos ya que favorece mayormente a los consumidores de mejores recursos castigando a los productores más pequeños y colocando en una situación desventajosa a las empresas que aseguran, y lo han hecho durante siempre, el abastecimiento a la población.

jueves, 16 de junio de 2011

UN PAIS DE ESPALDAS A SI MISMO

El planteo del Presidente de la República de gravar con un impuesto a los propietarios de extensiones de tierra de más de 2000 hás tiene a nuestro juicio, dos abordajes para su análisis. El primero, que ha sido el centro de los debates de los últimos días, es el impuesto en sí mismo, sus fundamentos, destinos, objetivos más allá de la recaudación, justicia, etc. El segundo, a mi entender un producto “secundario”de la discusión generada, es la visión y la información que de la agropecuaria se mantiene desde vastos sectores de la sociedad y su clase política dirigente.

Entrando en el análisis del impuesto en sí mismo lo primero que aparecen son preguntas que no han sido claramente respondidas por los defensores de la propuesta; ¿cuáles son los objetivos del impuesto? , ¿por qué se dividen los productores en más de 2000 y menos de 2000 hás?, ¿cómo y quiénes administrarán los fondos recaudados?.

En un principio el presidente Mujica planteó el impuesto como un aporte de los grandes emprendimientos agropecuarios a las necesarias y cuantiosas obras de infraestructura que necesita el Uruguay para sostener el crecimiento de su producción agropecuaria. La recaudación planteada, unos US$ 60: no tendría en realidad demasiado impacto ya que se estiman entre US$ 1500: y US$ 3000: para esos fines. En un segunda instancia se dijo que además abarcaría el desarrollo rural incluyendo al INC y por último, en lo que parece ser el objetivo con mayor peso ideológico, se argumenta que se trata de medidas para frenar el proceso de concentración de la tierra.

La recaudación objetivo, US$ 60:, dividida por lo que el Ec. Frugoni plantea como cobro por há, unos US$8, abarcaría unos 7,5 millones de hás, algo así como el 50% de la superficie agropecuaria del País, lo que no es consistente con el resto de las cifras manejadas en cuanto al número de productores o el importe por há. La agricultura y la forestación, “culpables” del deterioro de la caminería rural, no abarcan sumadas más de dos millones de hás, de las cuales seguramente un porcentaje importante cae fuera de los límites del impuesto, por lo que, como bien lo dijo el Cdor. Astori, los ganaderos soportarán sobre sus empresas el grueso de la recaudación planteada.

El mecanismo elegido para combatir la concentración de la tierra por medio de un impuesto como éste, es por lo menos de muy dudosa eficacia y si analizamos anteriores experiencias, en realidad tiende a aumentar la propiedad en manos de grandes empresas cuyos capitales provienen del exterior, con proyectos de largo plazo y que miden su rentabilidad con otros parámetros que el inversor local.

Tampoco quede claro porque se elige el límite de 2000 hás y no 2500 o 1800, no hay un fundamento, ni siquiera uno, para explicar el límite elegido. Se repite el error de franjear productores como en los apoyos por la sequía y otras tantas veces.

En fin, el instrumento es inhábil para los fines propuestos porque no va cumplir con ninguno de los objetivos declarados, con el agravante que nos muestra un quiebre de la política fiscal, erosionando la credibilidad y generando la sensación que hoy les toca a los de más de 2000 hás pero ya no habrá una certeza en la materia.

No menos importante resulta comprobar el preocupante nivel de desinformación de nuestra clase dirigente acerca de la principal actividad económica del País. En estos días hemos escuchado a diputados, senadores y hasta ministros, referirse a las ganancias del sector manejando cifras absolutamente alejadas de la realidad; confundiendo aumento en los precios con ganancias, productividad con rentabilidad, producto bruto con margen sectorial, y la lista podría seguir. La población, bombardeada con cifras desopilantes de la bonanza de la agropecuaria, no duda en apoyar que se les saque a los que más tienen y además “casi no aportan”.

El Uruguay vive una fiesta de consumo, hay que esperar para comprar un auto 0k, los “nuevos uruguayos” tienen LCD y 2 celulares, y por suerte mucho más; y nadie se pregunta quién paga la fiesta? ¿ quién pone los dólares baratos para comprar todos esos artículos? La respuesta es muy clara, el sector exportador, del cual el agro es la principal base, genera los recursos a través de un atraso cambiario que algunos no dudan en calificar como muy importante.

El asunto es que nos hemos acostumbrado a vivir de espaldas al campo, si un uruguayo se va del País extraña la rambla y el Cabo Polonio, nunca los verdes campos. Si un habitante de l Uruguay entra a una oficina de Montevideo de bombacha y botas, lo mirarán como un bicho raro pero si entra vestido como un paisano de EEUU no les llamará la atención. Hacemos excursiones y hasta filmaciones de los niños de las escuelas rurales para que conozcan el mar y nos emocionamos al ver sus caritas de asombro, ni se nos ocurre organizar algo para que los niños de Pocitos, por ejemplo, conozcan el campo de su país. No basta con cantar “la maldición de Malinche”, hay que darse cuenta que con ésta forma de pensar y actuar, cada vez más los que estamos en el campo vamos siendo casi extranjeros en nuestra propia tierra.

martes, 14 de junio de 2011

HACE UN AÑO

Hace un año, días más o días menos, nuestra Cooperativa se sacudía por uno de los conflictos más duros de su historia. Paros, “piquetes”, trancazo de las exportaciones, desabastecimiento del mercado interno, dificultades al interior de las plantas y otras medidas fueron aplicadas en un enfrentamiento, en el que más allá de las razones invocadas, en el fondo el problema central radicaba en la falta de capacidad de los actores para poder encontrar la fórmula, no de solución del conflicto puntual, sino del mecanismo de diálogo e integración de todos en un mismo proyecto, del cual todos dependemos.
Como en todos los conflictos de este tipo, todos perdimos, pero tal vez de éste se “salió” con las bases para posibilitar un nuevo relacionamiento dentro de la cooperativa que nos permite creer en un futuro mejor.
Junto con otros muchos compañeros nos tocó participar en los trabajos que desde la Anpl, culminaron con la firma del convenio entre Conaprole, Aoec, la Universidad de la República y la propia Asociación. Lejos estoy de creer que ese proyecto por sí sólo significó la base de la mejora de las relaciones laborales en nuestra empresa, pero sin dudas aportó y no poco, sobre todo en la difusión y comprensión de la problemática planteada. En efecto, se realizaron múltiples reuniones con legisladores, ministros, hasta el presidente José Mujica y el vicepresidente Astori, también con los principales dirigentes del Pit/Cnt y las jerarquías del MTSS.
Hoy nos alegramos de saber que se ha firmado el nuevo convenio colectivo sin ni siquiera una hora de paro, porque significa que comenzamos a transitar un camino, que aunque sabemos no será fácil, nos embarca en una estrategia ganar-ganar, más necesaria que nunca en los tiempos que se vienen para la lechería uruguaya.
Nos alegramos porque, apoyando la difícil decisión del Directorio de Conaprole y particularmente de su Presidente, hoy vemos que los pronósticos catastróficos no se cumplieron y por el contrario podemos celebrar un año sin conflictos. Hay que seguir trabajando porque obviamente lo principal aún está por hacerse pero sabiendo que aún el camino más largo empieza con un pequeño paso.

martes, 31 de mayo de 2011

QUO VADIS? La lechería uruguaya en la cruz de los caminos

Todo va bien en la lechería uruguaya, la palabra más usada para aplicar a los parámetros de la actividad es “record”. Los precios de la leche al productor superan los US$0,45, la producción crece a un ritmo de dos dígitos, inversores extranjeros se interesan en el sector, las exportaciones superan los US$ 400:, etc. El clima, que tan mal se portó en años anteriores, se está asociando a la fiesta y el otoño ha permitido maximizar las tareas de siembra y cosecha. Los productores como siempre lo hacen en respuesta a los buenos precios, están invirtiendo fuertemente tanto en lo que hace a la alimentación del ganado, como en lo referente maquinaria (se hace difícil conseguir un mixer con entrega inmediata), y obras de infraestructura, particularmente patios de alimentación. La industria está colocando fluidamente la producción y no nos encontramos frente a una situación de mercado único sino por el contrario, existe una amplia gama de clientes para los lácteos uruguayos en el mundo, los que nos disminuye los riesgos que afrontamos en el pasado con, por ejemplo, la dependencia de Brasil.

Como bien lo expresara recientemente el Presidente de FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo) Roberto Rodrígues, ex ministro de agricultura de Brasil, “los precios altos son el mejor fertilizante del mundo”, señalando que los actuales valores de los alimentos no son sostenibles en el tiempo y que “la fiesta no va a durar para siempre”. Algunos analistas locales, como Michele Santo (Búsqueda 12 de mayo), alertan acerca de la posibilidad de que haya comenzado un proceso de “desinfle” de los precios de las materias primas aún aceptando el hecho de que la demanda china se mantendrá firme, pero fundamentándose en la posibilidad de los cambios que a nivel financiero mundial, estarían procesándose. En el caso específico de los lácteos, los principales productores del mundo están aumentando fuertemente su producción y Fonterra ya ha anunciado un recorte de precios a sus productores para la próxima zafra.

Las luces de alerta se están encendiendo en todos lados y deberíamos prestarles atención, no para pisar el freno, sino para tomar las medidas necesarias y corregir el rumbo para adaptarlo a los tiempos que se vienen con, quizás, relaciones de precios no tan favorables.

El año pasado el Presidente Fonterra Henry van der Heyden, expresó que las 2 amenazas que él veía sobre los productores de Nueva Zelanda eran: ”la primera que otro países se tornaran más eficientes en la producción de pasto, produciendo leche a menores costos de producción y la segunda el riesgo de adoptar prácticas de manejo diferentes a nuestro sistema actual volviéndonos menos competitivos.”

En este contexto, nuestra lechería, como buena parte del agro nacional, está ingresando en una etapa de cambios que apuntan a sistemas de producción más intensivos, con una fuerte utilización de los concentrados y reservas como base de la alimentación y una disminución cada vez mayor en la dieta del pasto, al menos cosechado directamente por los animales. Algunos datos sugieren que no son pocos los establecimientos que presentan relaciones de 500 o más grs. de ración/lt y los volúmenes comercializados por Prolesa y la Anpl apuntan a confirmarlos.

El Ing. Pablo Chilibroste expresó en una presentación en el Inale en octubre pasado lo siguiente: “ Los sistemas que han sido competitivos en la última década han estado mayoritariamente concentrados entre 4.000 y 6.000 Lts. por Ha/VM. Más allá de las estrategias productivas han logrado mantener una estructura de alimentación en el que el forraje cosechado directamente por el animal no ha bajado del 50 % de la MS total.Esto es un punto crítico en la definición de estrategias de intensificación. Los modelos que intensifican en base a un crecimiento en su capacidad de producir biomasa (pasto más reservas) han crecido en forma estable y consistente con cierta independencia de la política que hayan utilizado con los concentrados.Los que han crecido basados principalmente en la incorporación de insumos externos (concentrados) sin mejorar su capacidad endógena de producción han tenido suerte muy variable dependiendo el nivel de eficiencia con la que han logrado aterrizar los insumos incrementales en el sistema. Para ser competitivos en los próximos años se debe aumentar productividad pero sin perder la referencia en los presentado anteriormente.”

Con estos elementos, y sin renunciar al objetivo de duplicar nuestra producción en los próximos 10 años, se hace necesario, por no decir imprescindible, la formulación de una política de largo aliento que proyecte al sector lechero dentro de definiciones que contemplen la realidad socioeconómica de sus productores y las ventajas para producir leche “a pasto” de nuestro País. Esta no es, no debe ser, una definición caprichosa o populista de tratar de mantener en el sector unidades de producción ineficientes por el sólo hecho de evitar que migren a las ciudades. Se trata de aplicar tecnologías, cuyas bases están disponibles pero hay que validarlas en los institutos de investigación, que nos permitan incluir la mayor cantidad de productores, actuales y futuros, en el crecimiento y desarrollo de la lechería uruguaya. La base no puede ser otra que la que prioriza la utilización del pasto ya que es la única que se acompasa con la inserción internacional de nuestros productos y nuestros competidores. El planteo tecnológico que algunos hoy promueven en función de la coyuntura, es un planteo concentrador y excluyente, que además en el mediano plazo genera riesgos en el proyecto lechero nacional al concentrar en cada vez menos empresas volúmenes crecientes de leche.

El tren de la intensificación en base a concentrados, encierros, etc., tiene pocos vagones, subirse a él cuesta muy caro y seguramente se maneja en varios idiomas. Estamos a tiempo de, como ya lo hizo el Uruguay en el pasado, pensar entre todos y como País, la lechería hacia el futuro. Sólo cabe esperar de quienes toman las decisiones, la capacidad y altura para hacerlo.



lunes, 30 de mayo de 2011

Articulo de Joaquin Secco

JOAQUÍN SECCO - Diario El País - Sábado 29 de mayo de 2011

A CONTRAMANO

Anàlisis

Joaquín Secco García es ingeniero agrónomo por la Universidad de la República, con estudios de posgrado en Economía en la Universidad de Lovaina (Bélgica). Ha sido consultor de diversos organismos como el BID, la FAO y el Banco Mundial. También es columnista de la revista El País Agropecuario.

Desde 2002, el agro se comportó como la locomotora del crecimiento económico del país facilitando una pronta salida de la crisis. Sin embargo, desde 2006, dicho impulso se fue debilitando con la excepción de la explotación forestal que mantuvo la aceleración a lo largo de todo el período. Mientras que entre 2002 y 2006 el crecimiento del sector promedió 6% anual, entre 2006 y 2010 fue de solamente 0.9%. La producción animal que representa el 60% de la producción agropecuaria, está cayendo a razón de 1,7% anual en los últimos cuatro años. Por su parte, la producción de granos está estancada en los últimos dos años y tampoco despegará en el año en curso.

Para explicar esta desalentadora modificación de la tendencia, existen hipótesis de muy diversa índole cuya ponderación es difícil de precisar. Como nos enseñan los sabios, para curar, previamente se hace necesario conocer. En la misma dirección, sería bueno que el país se diera el respiro para descifrar la coyuntura, descartando aquellos juicios que explican todas las cosas en todos los tiempos. La ganadería, la actividad más difundida en la campaña, ha cedido tierras a los cultivos y a los bosques. Pero a contramano de lo que se esperaba, no parece haber encontrado un camino de amplia cobertura para suplir con productividad la pérdida de áreas. La expectativa de una mayor alianza agrícola ganadera tampoco progresó al ritmo esperado. Habría que buscar razones capaces de explicar por ejemplo, por qué con la carne a estos valores, una vaca gorda sigue valiendo bastante más que una vaca preñada. Este indicador refleja la escasa preferencia para invertir en la ampliación de la máquina productora. Tampoco la producción ovina despega con entusiasmo. Solo la lechería parece salvar el honor vacuno. Por su parte, la producción de granos enfrenta problemas tecnológicos y de organización no bien resueltos, amenazas de deterioro de los suelos y costos que crecen desproporcionadamente.

En una primera fase, a la salida de la crisis, el aumento de los precios de exportación frente a una cierta inercia de los bajos costos internos, produjo un mejoramiento sustancial de la rentabilidad agropecuaria. En los últimos años, estas tendencias se invirtieron. Los costos han estado subiendo a mayor ritmo que los ingresos, mientras que el valor real de las exportaciones se ha venido erosionando por la pérdida del poder adquisitivo del dólar. Este ha perdido valor en el mundo, pero hay que convenir que en el país lo ha hecho mucho más aceleradamente. El costo de transporte es paradigmático. El agro mueve unos 20 millones de toneladas de productos de baja densidad económica, en pésimos caminos, con material de transporte encarecido por la protección Mercosur y con combustibles atestados de impuestos y de lastres monopólicos. Todo sumado parece diseñado por el enemigo.

Sobrevolando las razones técnicas, climáticas y seguramente las limitaciones gerenciales para jugar bajo el nuevo contexto global, existen razones vinculadas al clima de negocios. Los discursos con amenazas y prejuicios sesentistas, el gasto y el endeudamiento público que a través del tipo de cambio premia a los importadores y a los sectores de no transables en perjuicio de los sectores que deben competir en el mundo, están sin duda contribuyendo a la explicación de la desaceleración del sector más importante de la economía.

La idea repetida infinitamente por políticos, gobernantes, comunicadores, profesionales, académicos... de que el agro crece y se enriquece abusivamente, hace varios años que dejó de ser cierta. Los resultados de las carpetas de Fucrea o del Instituto Plan Agropecuario (IPA) reflejan claramente la pérdida de rentabilidad del campo. No es bueno que los gobernantes y quienes deben estar informados crean que la realidad es como ellos la imaginan. Tampoco es bueno que los gobernantes consideren que es conveniente castigar al campo, pero evitan enjuiciar la enorme ineficacia de la gestión pública. Con una recaudación fiscal sin precedentes se sigue aumentando el endeudamiento y la ineficacia de los servicios públicos, lo que parece irremediable.

Una de las características de la producción agropecuaria es su alta exposición al riesgo. Entre otras razones, la volatilidad de la biología, del clima, los mercados y de las políticas públicas. Unas causas se amplifican con las otras, creando un clima permanente de fuerte incertidumbre. En este contexto, la inversión y la innovación significan incursionar en un terreno desconocido que consecuentemente aumenta la incertidumbre, lo cual explica la aversión al riesgo y la fuerte precaución ante los cambios. Consecuentemente, las estrategias del campo son necesariamente conservadoras, como lo son en todo el planeta desde los caldeos y los asirios. Sin embargo, pese a todo, nada se ha modernizado más en el país que el campo. Las anclas del desarrollo están en otra parte.

El debilitamiento de las tendencias productivas es una parte importante de la coyuntura. La otra parte insoslayable es el proyecto de aumentar el impuesto a la tierra. Es un impuesto que va contra la lógica de la reforma impositiva discutida hasta la extenuación durante dos años. Aquello fue un logro de la razón y del buen gobierno. Simplificar, evitar pequeños impuestos -como este que se quiere crear- y sobre todo, evitar poner impuestos a los recursos productivos para no desalentar su uso y concentrar la imposición sobre las ganancias. Como argumento para convocar piedad, se dice que es poca plata. Siempre que es ajena parece poca. La pregunta que nace, es por qué entonces romper las formas de organización que se dio la sociedad, crear un ambiente de incertidumbre mayor y trasmitir la sensación de que en cualquier momento pueden nacer nuevas ocurrencias, caprichosamente y a contramano de asuntos laudados. Todo por poca plata. También es una buena preguntarse por qué no se gasta mejor en lugar de ir hacia una nueva escalada fiscal ambientada por codicias burocráticas.

En síntesis, una iniciativa sorprendentemente inoportuna, viene a erosionar confianza en un momento en el cual el crecimiento está en discusión y crecen más las dudas que las certezas. En ese contexto, se pergeña una medida descolgada de la lógica que ha ido construyendo el propio gobierno.

EL BURRO DEL MOLINERO

Cuando se planteó en el Consejo del Inale por parte de la representación de la CILU, la preocupación por la instalación de empresas extranjeras que contarían con fuertes apoyos estatales en origen y además con los beneficios de nuestras leyes de promoción de inversiones, se puso sobre la mesa un tema que abarca mucho más que la instalación de la planta de Bom Gosto. Se explican entonces las repercusiones del tema desde el Presidente de la IPL, el de la CUPL y algunos artículos periodísticos como el del Ing. Preve.

En realidad la cuestión en discusión es la necesidad del País de definir con claridad una política lechera de largo aliento, con objetivos definidos y que necesariamente debe ser una política de Estado, que trascienda las coyunturas políticas y que abarque toda la cadena en su conjunto.

Se trata de definir, como se ha hecho en otras áreas, un proyecto nacional, construido desde y con la participación de todos los involucrados, para proyectar la lechería uruguaya hacia un futuro de crecimiento importante.

No estamos inventando nada extravagante, en realidad es lo que hacen los países “serios”, como reclama el Ing.Preve. Lo hacen Nueva Zelanda, Brasil, entre otros, para poner dos ejemplos de políticas sectoriales con objetivos definidos desde ángulos bien diferentes.

El Uruguay definió en los años 30 políticas de estado hacia la lechería, cuando creó a la CONAPROLE para superar la caótica situación del abastecimiento de leche a la población de Montevideo. Los beneficios que se supone se han dado al sector, deben asumirse en realidad, como la inversión de la sociedad en un sector que ha sabido devolverlos con creces, entre otras cosas ofreciendo la leche más barata de la región y con una calidad y seguridad de abastecimiento que pocos países de nuestro desarrollo pueden exhibir.

El tema no pasa por la libertad de elegir a quién remitir la leche por los productores; la instalación de empresas como la mencionada, la única libertad que va a consagrar es la de que ese empresario pueda elegir a que productores va a comprar la leche. Entonces, si fomentamos ese modelo de competencia canibalizante, estamos definiendo que tipo de lechería queremos y a quienes queremos dentro de ella y por ende, quiénes van a quedar en el camino.

No compartimos que se deba prohibir la instalación de nuevas empresas, pero sí debemos analizar a quienes beneficiamos con mecanismos promocionales. Son muchos años de esfuerzo y trabajo de generaciones de uruguayos para que en aras de una supuesta libre competencia que no es tal, pongamos en riesgo las bases que han dado a nuestro sector seguridad y crecimiento.

Por eso el tema va más allá de Bom Gosto (o LBR o Parmalat spa, en realidad no se sabe), por eso de repente el dilema no es el del perro del hortelano sino el del burro del molinero que de tanto dar vueltas no sabe si va o viene.