martes, 31 de mayo de 2011

QUO VADIS? La lechería uruguaya en la cruz de los caminos

Todo va bien en la lechería uruguaya, la palabra más usada para aplicar a los parámetros de la actividad es “record”. Los precios de la leche al productor superan los US$0,45, la producción crece a un ritmo de dos dígitos, inversores extranjeros se interesan en el sector, las exportaciones superan los US$ 400:, etc. El clima, que tan mal se portó en años anteriores, se está asociando a la fiesta y el otoño ha permitido maximizar las tareas de siembra y cosecha. Los productores como siempre lo hacen en respuesta a los buenos precios, están invirtiendo fuertemente tanto en lo que hace a la alimentación del ganado, como en lo referente maquinaria (se hace difícil conseguir un mixer con entrega inmediata), y obras de infraestructura, particularmente patios de alimentación. La industria está colocando fluidamente la producción y no nos encontramos frente a una situación de mercado único sino por el contrario, existe una amplia gama de clientes para los lácteos uruguayos en el mundo, los que nos disminuye los riesgos que afrontamos en el pasado con, por ejemplo, la dependencia de Brasil.

Como bien lo expresara recientemente el Presidente de FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo) Roberto Rodrígues, ex ministro de agricultura de Brasil, “los precios altos son el mejor fertilizante del mundo”, señalando que los actuales valores de los alimentos no son sostenibles en el tiempo y que “la fiesta no va a durar para siempre”. Algunos analistas locales, como Michele Santo (Búsqueda 12 de mayo), alertan acerca de la posibilidad de que haya comenzado un proceso de “desinfle” de los precios de las materias primas aún aceptando el hecho de que la demanda china se mantendrá firme, pero fundamentándose en la posibilidad de los cambios que a nivel financiero mundial, estarían procesándose. En el caso específico de los lácteos, los principales productores del mundo están aumentando fuertemente su producción y Fonterra ya ha anunciado un recorte de precios a sus productores para la próxima zafra.

Las luces de alerta se están encendiendo en todos lados y deberíamos prestarles atención, no para pisar el freno, sino para tomar las medidas necesarias y corregir el rumbo para adaptarlo a los tiempos que se vienen con, quizás, relaciones de precios no tan favorables.

El año pasado el Presidente Fonterra Henry van der Heyden, expresó que las 2 amenazas que él veía sobre los productores de Nueva Zelanda eran: ”la primera que otro países se tornaran más eficientes en la producción de pasto, produciendo leche a menores costos de producción y la segunda el riesgo de adoptar prácticas de manejo diferentes a nuestro sistema actual volviéndonos menos competitivos.”

En este contexto, nuestra lechería, como buena parte del agro nacional, está ingresando en una etapa de cambios que apuntan a sistemas de producción más intensivos, con una fuerte utilización de los concentrados y reservas como base de la alimentación y una disminución cada vez mayor en la dieta del pasto, al menos cosechado directamente por los animales. Algunos datos sugieren que no son pocos los establecimientos que presentan relaciones de 500 o más grs. de ración/lt y los volúmenes comercializados por Prolesa y la Anpl apuntan a confirmarlos.

El Ing. Pablo Chilibroste expresó en una presentación en el Inale en octubre pasado lo siguiente: “ Los sistemas que han sido competitivos en la última década han estado mayoritariamente concentrados entre 4.000 y 6.000 Lts. por Ha/VM. Más allá de las estrategias productivas han logrado mantener una estructura de alimentación en el que el forraje cosechado directamente por el animal no ha bajado del 50 % de la MS total.Esto es un punto crítico en la definición de estrategias de intensificación. Los modelos que intensifican en base a un crecimiento en su capacidad de producir biomasa (pasto más reservas) han crecido en forma estable y consistente con cierta independencia de la política que hayan utilizado con los concentrados.Los que han crecido basados principalmente en la incorporación de insumos externos (concentrados) sin mejorar su capacidad endógena de producción han tenido suerte muy variable dependiendo el nivel de eficiencia con la que han logrado aterrizar los insumos incrementales en el sistema. Para ser competitivos en los próximos años se debe aumentar productividad pero sin perder la referencia en los presentado anteriormente.”

Con estos elementos, y sin renunciar al objetivo de duplicar nuestra producción en los próximos 10 años, se hace necesario, por no decir imprescindible, la formulación de una política de largo aliento que proyecte al sector lechero dentro de definiciones que contemplen la realidad socioeconómica de sus productores y las ventajas para producir leche “a pasto” de nuestro País. Esta no es, no debe ser, una definición caprichosa o populista de tratar de mantener en el sector unidades de producción ineficientes por el sólo hecho de evitar que migren a las ciudades. Se trata de aplicar tecnologías, cuyas bases están disponibles pero hay que validarlas en los institutos de investigación, que nos permitan incluir la mayor cantidad de productores, actuales y futuros, en el crecimiento y desarrollo de la lechería uruguaya. La base no puede ser otra que la que prioriza la utilización del pasto ya que es la única que se acompasa con la inserción internacional de nuestros productos y nuestros competidores. El planteo tecnológico que algunos hoy promueven en función de la coyuntura, es un planteo concentrador y excluyente, que además en el mediano plazo genera riesgos en el proyecto lechero nacional al concentrar en cada vez menos empresas volúmenes crecientes de leche.

El tren de la intensificación en base a concentrados, encierros, etc., tiene pocos vagones, subirse a él cuesta muy caro y seguramente se maneja en varios idiomas. Estamos a tiempo de, como ya lo hizo el Uruguay en el pasado, pensar entre todos y como País, la lechería hacia el futuro. Sólo cabe esperar de quienes toman las decisiones, la capacidad y altura para hacerlo.



lunes, 30 de mayo de 2011

Articulo de Joaquin Secco

JOAQUÍN SECCO - Diario El País - Sábado 29 de mayo de 2011

A CONTRAMANO

Anàlisis

Joaquín Secco García es ingeniero agrónomo por la Universidad de la República, con estudios de posgrado en Economía en la Universidad de Lovaina (Bélgica). Ha sido consultor de diversos organismos como el BID, la FAO y el Banco Mundial. También es columnista de la revista El País Agropecuario.

Desde 2002, el agro se comportó como la locomotora del crecimiento económico del país facilitando una pronta salida de la crisis. Sin embargo, desde 2006, dicho impulso se fue debilitando con la excepción de la explotación forestal que mantuvo la aceleración a lo largo de todo el período. Mientras que entre 2002 y 2006 el crecimiento del sector promedió 6% anual, entre 2006 y 2010 fue de solamente 0.9%. La producción animal que representa el 60% de la producción agropecuaria, está cayendo a razón de 1,7% anual en los últimos cuatro años. Por su parte, la producción de granos está estancada en los últimos dos años y tampoco despegará en el año en curso.

Para explicar esta desalentadora modificación de la tendencia, existen hipótesis de muy diversa índole cuya ponderación es difícil de precisar. Como nos enseñan los sabios, para curar, previamente se hace necesario conocer. En la misma dirección, sería bueno que el país se diera el respiro para descifrar la coyuntura, descartando aquellos juicios que explican todas las cosas en todos los tiempos. La ganadería, la actividad más difundida en la campaña, ha cedido tierras a los cultivos y a los bosques. Pero a contramano de lo que se esperaba, no parece haber encontrado un camino de amplia cobertura para suplir con productividad la pérdida de áreas. La expectativa de una mayor alianza agrícola ganadera tampoco progresó al ritmo esperado. Habría que buscar razones capaces de explicar por ejemplo, por qué con la carne a estos valores, una vaca gorda sigue valiendo bastante más que una vaca preñada. Este indicador refleja la escasa preferencia para invertir en la ampliación de la máquina productora. Tampoco la producción ovina despega con entusiasmo. Solo la lechería parece salvar el honor vacuno. Por su parte, la producción de granos enfrenta problemas tecnológicos y de organización no bien resueltos, amenazas de deterioro de los suelos y costos que crecen desproporcionadamente.

En una primera fase, a la salida de la crisis, el aumento de los precios de exportación frente a una cierta inercia de los bajos costos internos, produjo un mejoramiento sustancial de la rentabilidad agropecuaria. En los últimos años, estas tendencias se invirtieron. Los costos han estado subiendo a mayor ritmo que los ingresos, mientras que el valor real de las exportaciones se ha venido erosionando por la pérdida del poder adquisitivo del dólar. Este ha perdido valor en el mundo, pero hay que convenir que en el país lo ha hecho mucho más aceleradamente. El costo de transporte es paradigmático. El agro mueve unos 20 millones de toneladas de productos de baja densidad económica, en pésimos caminos, con material de transporte encarecido por la protección Mercosur y con combustibles atestados de impuestos y de lastres monopólicos. Todo sumado parece diseñado por el enemigo.

Sobrevolando las razones técnicas, climáticas y seguramente las limitaciones gerenciales para jugar bajo el nuevo contexto global, existen razones vinculadas al clima de negocios. Los discursos con amenazas y prejuicios sesentistas, el gasto y el endeudamiento público que a través del tipo de cambio premia a los importadores y a los sectores de no transables en perjuicio de los sectores que deben competir en el mundo, están sin duda contribuyendo a la explicación de la desaceleración del sector más importante de la economía.

La idea repetida infinitamente por políticos, gobernantes, comunicadores, profesionales, académicos... de que el agro crece y se enriquece abusivamente, hace varios años que dejó de ser cierta. Los resultados de las carpetas de Fucrea o del Instituto Plan Agropecuario (IPA) reflejan claramente la pérdida de rentabilidad del campo. No es bueno que los gobernantes y quienes deben estar informados crean que la realidad es como ellos la imaginan. Tampoco es bueno que los gobernantes consideren que es conveniente castigar al campo, pero evitan enjuiciar la enorme ineficacia de la gestión pública. Con una recaudación fiscal sin precedentes se sigue aumentando el endeudamiento y la ineficacia de los servicios públicos, lo que parece irremediable.

Una de las características de la producción agropecuaria es su alta exposición al riesgo. Entre otras razones, la volatilidad de la biología, del clima, los mercados y de las políticas públicas. Unas causas se amplifican con las otras, creando un clima permanente de fuerte incertidumbre. En este contexto, la inversión y la innovación significan incursionar en un terreno desconocido que consecuentemente aumenta la incertidumbre, lo cual explica la aversión al riesgo y la fuerte precaución ante los cambios. Consecuentemente, las estrategias del campo son necesariamente conservadoras, como lo son en todo el planeta desde los caldeos y los asirios. Sin embargo, pese a todo, nada se ha modernizado más en el país que el campo. Las anclas del desarrollo están en otra parte.

El debilitamiento de las tendencias productivas es una parte importante de la coyuntura. La otra parte insoslayable es el proyecto de aumentar el impuesto a la tierra. Es un impuesto que va contra la lógica de la reforma impositiva discutida hasta la extenuación durante dos años. Aquello fue un logro de la razón y del buen gobierno. Simplificar, evitar pequeños impuestos -como este que se quiere crear- y sobre todo, evitar poner impuestos a los recursos productivos para no desalentar su uso y concentrar la imposición sobre las ganancias. Como argumento para convocar piedad, se dice que es poca plata. Siempre que es ajena parece poca. La pregunta que nace, es por qué entonces romper las formas de organización que se dio la sociedad, crear un ambiente de incertidumbre mayor y trasmitir la sensación de que en cualquier momento pueden nacer nuevas ocurrencias, caprichosamente y a contramano de asuntos laudados. Todo por poca plata. También es una buena preguntarse por qué no se gasta mejor en lugar de ir hacia una nueva escalada fiscal ambientada por codicias burocráticas.

En síntesis, una iniciativa sorprendentemente inoportuna, viene a erosionar confianza en un momento en el cual el crecimiento está en discusión y crecen más las dudas que las certezas. En ese contexto, se pergeña una medida descolgada de la lógica que ha ido construyendo el propio gobierno.

EL BURRO DEL MOLINERO

Cuando se planteó en el Consejo del Inale por parte de la representación de la CILU, la preocupación por la instalación de empresas extranjeras que contarían con fuertes apoyos estatales en origen y además con los beneficios de nuestras leyes de promoción de inversiones, se puso sobre la mesa un tema que abarca mucho más que la instalación de la planta de Bom Gosto. Se explican entonces las repercusiones del tema desde el Presidente de la IPL, el de la CUPL y algunos artículos periodísticos como el del Ing. Preve.

En realidad la cuestión en discusión es la necesidad del País de definir con claridad una política lechera de largo aliento, con objetivos definidos y que necesariamente debe ser una política de Estado, que trascienda las coyunturas políticas y que abarque toda la cadena en su conjunto.

Se trata de definir, como se ha hecho en otras áreas, un proyecto nacional, construido desde y con la participación de todos los involucrados, para proyectar la lechería uruguaya hacia un futuro de crecimiento importante.

No estamos inventando nada extravagante, en realidad es lo que hacen los países “serios”, como reclama el Ing.Preve. Lo hacen Nueva Zelanda, Brasil, entre otros, para poner dos ejemplos de políticas sectoriales con objetivos definidos desde ángulos bien diferentes.

El Uruguay definió en los años 30 políticas de estado hacia la lechería, cuando creó a la CONAPROLE para superar la caótica situación del abastecimiento de leche a la población de Montevideo. Los beneficios que se supone se han dado al sector, deben asumirse en realidad, como la inversión de la sociedad en un sector que ha sabido devolverlos con creces, entre otras cosas ofreciendo la leche más barata de la región y con una calidad y seguridad de abastecimiento que pocos países de nuestro desarrollo pueden exhibir.

El tema no pasa por la libertad de elegir a quién remitir la leche por los productores; la instalación de empresas como la mencionada, la única libertad que va a consagrar es la de que ese empresario pueda elegir a que productores va a comprar la leche. Entonces, si fomentamos ese modelo de competencia canibalizante, estamos definiendo que tipo de lechería queremos y a quienes queremos dentro de ella y por ende, quiénes van a quedar en el camino.

No compartimos que se deba prohibir la instalación de nuevas empresas, pero sí debemos analizar a quienes beneficiamos con mecanismos promocionales. Son muchos años de esfuerzo y trabajo de generaciones de uruguayos para que en aras de una supuesta libre competencia que no es tal, pongamos en riesgo las bases que han dado a nuestro sector seguridad y crecimiento.

Por eso el tema va más allá de Bom Gosto (o LBR o Parmalat spa, en realidad no se sabe), por eso de repente el dilema no es el del perro del hortelano sino el del burro del molinero que de tanto dar vueltas no sabe si va o viene.