Todo va bien en la lechería uruguaya, la palabra más usada para aplicar a los parámetros de la actividad es “record”. Los precios de la leche al productor superan los US$0,45, la producción crece a un ritmo de dos dígitos, inversores extranjeros se interesan en el sector, las exportaciones superan los US$ 400:, etc. El clima, que tan mal se portó en años anteriores, se está asociando a la fiesta y el otoño ha permitido maximizar las tareas de siembra y cosecha. Los productores como siempre lo hacen en respuesta a los buenos precios, están invirtiendo fuertemente tanto en lo que hace a la alimentación del ganado, como en lo referente maquinaria (se hace difícil conseguir un mixer con entrega inmediata), y obras de infraestructura, particularmente patios de alimentación. La industria está colocando fluidamente la producción y no nos encontramos frente a una situación de mercado único sino por el contrario, existe una amplia gama de clientes para los lácteos uruguayos en el mundo, los que nos disminuye los riesgos que afrontamos en el pasado con, por ejemplo, la dependencia de Brasil.
Como bien lo expresara recientemente el Presidente de FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo) Roberto Rodrígues, ex ministro de agricultura de Brasil, “los precios altos son el mejor fertilizante del mundo”, señalando que los actuales valores de los alimentos no son sostenibles en el tiempo y que “la fiesta no va a durar para siempre”. Algunos analistas locales, como Michele Santo (Búsqueda 12 de mayo), alertan acerca de la posibilidad de que haya comenzado un proceso de “desinfle” de los precios de las materias primas aún aceptando el hecho de que la demanda china se mantendrá firme, pero fundamentándose en la posibilidad de los cambios que a nivel financiero mundial, estarían procesándose. En el caso específico de los lácteos, los principales productores del mundo están aumentando fuertemente su producción y Fonterra ya ha anunciado un recorte de precios a sus productores para la próxima zafra.
Las luces de alerta se están encendiendo en todos lados y deberíamos prestarles atención, no para pisar el freno, sino para tomar las medidas necesarias y corregir el rumbo para adaptarlo a los tiempos que se vienen con, quizás, relaciones de precios no tan favorables.
El año pasado el Presidente Fonterra Henry van der Heyden, expresó que las 2 amenazas que él veía sobre los productores de Nueva Zelanda eran: ”la primera que otro países se tornaran más eficientes en la producción de pasto, produciendo leche a menores costos de producción y la segunda el riesgo de adoptar prácticas de manejo diferentes a nuestro sistema actual volviéndonos menos competitivos.”
En este contexto, nuestra lechería, como buena parte del agro nacional, está ingresando en una etapa de cambios que apuntan a sistemas de producción más intensivos, con una fuerte utilización de los concentrados y reservas como base de la alimentación y una disminución cada vez mayor en la dieta del pasto, al menos cosechado directamente por los animales. Algunos datos sugieren que no son pocos los establecimientos que presentan relaciones de 500 o más grs. de ración/lt y los volúmenes comercializados por Prolesa y la Anpl apuntan a confirmarlos.
El Ing. Pablo Chilibroste expresó en una presentación en el Inale en octubre pasado lo siguiente: “ Los sistemas que han sido competitivos en la última década han estado mayoritariamente concentrados entre 4.000 y 6.000 Lts. por Ha/VM. Más allá de las estrategias productivas han logrado mantener una estructura de alimentación en el que el forraje cosechado directamente por el animal no ha bajado del 50 % de la MS total.Esto es un punto crítico en la definición de estrategias de intensificación. Los modelos que intensifican en base a un crecimiento en su capacidad de producir biomasa (pasto más reservas) han crecido en forma estable y consistente con cierta independencia de la política que hayan utilizado con los concentrados.Los que han crecido basados principalmente en la incorporación de insumos externos (concentrados) sin mejorar su capacidad endógena de producción han tenido suerte muy variable dependiendo el nivel de eficiencia con la que han logrado aterrizar los insumos incrementales en el sistema. Para ser competitivos en los próximos años se debe aumentar productividad pero sin perder la referencia en los presentado anteriormente.”
Con estos elementos, y sin renunciar al objetivo de duplicar nuestra producción en los próximos 10 años, se hace necesario, por no decir imprescindible, la formulación de una política de largo aliento que proyecte al sector lechero dentro de definiciones que contemplen la realidad socioeconómica de sus productores y las ventajas para producir leche “a pasto” de nuestro País. Esta no es, no debe ser, una definición caprichosa o populista de tratar de mantener en el sector unidades de producción ineficientes por el sólo hecho de evitar que migren a las ciudades. Se trata de aplicar tecnologías, cuyas bases están disponibles pero hay que validarlas en los institutos de investigación, que nos permitan incluir la mayor cantidad de productores, actuales y futuros, en el crecimiento y desarrollo de la lechería uruguaya. La base no puede ser otra que la que prioriza la utilización del pasto ya que es la única que se acompasa con la inserción internacional de nuestros productos y nuestros competidores. El planteo tecnológico que algunos hoy promueven en función de la coyuntura, es un planteo concentrador y excluyente, que además en el mediano plazo genera riesgos en el proyecto lechero nacional al concentrar en cada vez menos empresas volúmenes crecientes de leche.
El tren de la intensificación en base a concentrados, encierros, etc., tiene pocos vagones, subirse a él cuesta muy caro y seguramente se maneja en varios idiomas. Estamos a tiempo de, como ya lo hizo el Uruguay en el pasado, pensar entre todos y como País, la lechería hacia el futuro. Sólo cabe esperar de quienes toman las decisiones, la capacidad y altura para hacerlo.