sábado, 19 de enero de 2013

Las vacas, la leche y el Sr. Gini.


El Sr. Corrado Gini fue, entre otras cosas, un renombrado estadístico que investigó a principios del siglo pasado la distribución del ingreso en una población y creó un coeficiente que lleva su nombre, que sirve para medir las desigualdades de distintas poblaciones. En una perfecta igualdad de distribución, todos los individuos tienen lo mismo, el índice es 0 y en una perfecta desigualdad, un individuo tiene todo y los demás nada, el valor de este coeficiente es 1. El índice es comúnmente utilizado para medir el ingreso de la población de los diferentes países y varía entre los que tienen mejor distribución como Noruega, Suecia, que tienen valores del orden de 0,24 a los que presentan peores distribuciones como Sudáfrica o Namibia con valores del orden de 0,65. Nuestro País se encuentra en el puesto 114 (en una lista de 160 países publicada por la ONU ) con un valor del índice de Gini de 0,453. En términos prácticos y a los efectos de una mejor visualización de lo que significa este valor, podemos decir que, en nuestro País, el 20% de la población más rica tiene 20 veces más ingresos que el 20% más pobre.
Cuando aplicamos este índice a nuestra población de vacas lecheras tomando como base las cifras de la Declaración Jurada de Dicose 2012, haciendo la salvedad que para hacer el cálculo se debió asumir que dentro de los rangos de productores en los que se agrupan los datos, la distribución es igual, (lo que obviamente no es así y constituye una fuente de error que se asume no genera variaciones significativas en el cálculo final), se obtienen valores que nos permiten analizar el comportamiento de nuestro sector en el pasado reciente y presentar algunas hipótesis sobre las posibilidades de crecimiento en el futuro.
Nuestra población de vacas lecheras se distribuye entre los tambos con un índice de Gini de 0,53 lo que, utilizando el mismo mecanismo de ejemplo del párrafo anterior, implica que el 20% de los tambos más grandes tiene 25 veces más vacas que el 20 % de los tambos más chicos. Importa señalar que estamos hablando de Nos. de Dicose y que un propietario puede tener, y efectivamente es así , y sobre todo entre las empresas mayores , varios “Dicoses” diferentes, con lo cual la concentración medida no ya en establecimientos sino en propietarios, seguramente será mayor.

El Instituto Nacional para el Mejoramiento Lechero ha publicado recientemente una descripción de lo que ellos denominan la “vaca promedio” de un rodeo de 50.000 animales de los que se llevan registros en esa institución, información referida a los últimos 5 años (2007-2011). Estos datos provienen de tambos que realizan registros y controles de producción por lo que cabe suponer que se encuentran, por lo menos, de la mitad hacia arriba en cuanto a su desarrollo tecnológico. Esta “vaca promedio” nos dice que tiene su primer parto a los 35.9 meses y su descarte entre los siete y ocho años. Al mismo tiempo nos informan que las vacas tienen 4 lactancias en ese período y que el intervalo interparto es de alrededor de 15 meses. De esta información podemos deducir que un 25% de las vacas son descartadas promedialmente cada año.
DICOSE en la declaración jurada correspondiente al año 2012 fija el total vacas lecheras en 442.846 (se han tomado las vacas correspondientes a propias en el establecimiento y ajenas en el establecimiento a los efectos de evitar duplicaciones) por lo que deberíamos asumir, en función de la información que nos proporciona el INML que se descartarán 110.000 vacas lecheras en el ejercicio 2012/13. Para reponer estas vacas descartadas, y también siguiendo los parámetros antes indicados, contamos sólo con 53.713 vaquillonas de más de 2 años que deberían estar todas preñadas. Si el sector hubiera adoptado en forma masiva una intensificación en la recría, de lo cual no tenemos ninguna información que permita suponerlo, podríamos recurrir a la categoría de terneras de 1 a 2 años que son 89.505 pero necesitaríamos que 56.000 de esas terneras estuvieran pariendo en este ejercicio o sea el 63% de las mismas, lo que no aparece como muy probable.
La realidad nos muestra que sólo logramos un 59% de parición de nuestras vacas lecheras, lo que contribuye a agravar más aún el panorama planteado precedentemente. Si a estas cifras de por sí preocupantes les agregamos que en los 2 últimos años se han exportado más de 60.000 terneras, queda muy claro que enfrentamos un serio obstáculo para pensar en un proceso de crecimiento sostenido de nuestra lechería. Lamentablemente, este no es un problema nuevo ni reciente. Nueva Zelanda, nuestro principal competidor en los mercados mundiales y por ello referente ineludible, cuenta con un rodeo de 6:500.000 de vacas lecheras y lo ha duplicado en los últimos 30 años, Uruguay en el mismo período apenas multiplicó por 1,25 sus vacas lecheras. Es cierto que en último ejercicio de acuerdo con las cifras de DICOSE, el número de vacas lecheras aumentó un 4,5% (19.052 vacas) pero en función de las cifras de reposición analizadas tanto de este ejercicio, como del anterior se puede razonablemente pensar que frente a una muy buena situación de precios y resultado del negocio, muchos productores optaron por disminuir el refugo anual, (lamentablemente no hemos podido obtener cifras oficiales que confirmen esta teoría).
Esta debilidad para el crecimiento de nuestro sector aparece uniformemente distribuida en todos los estratos en los que DICOSE separa a los productores siendo un poco mejor en los productores de más de 500 hás (14,43% terneras de + de 2 años) pero de cualquier manera insuficiente para una correcta reposición.

Dentro de los pocos trabajos que se realizan en nuestro País sobre análisis de resultados y aplicación de sistemas lecheros son muy destacables los que lleva adelante Conaprole en sus programas de Producción Competitiva y Apoyo a la gestión Lechera, cuya dirección está a cargo del Ing. Chilibroste, complementados por el seguimiento de costos de un número importante de productores por parte del equipo cuyo responsable es el Ing. Jorge Artagaveytia. No es el propósito de esta comunicación analizar en profundidad los datos que surgen de estos importantes trabajos, pero la información que surge de los mismos indica que, más allá de la importantísima función que cumple la capacidad de gestión del productor cualquiera sea el sistema utilizado, los modelos más exitosos son aquellos que logran consumir de mejor forma la materia seca proveniente de las pasturas de los establecimientos, con un equilibrado uso –no excesivo- de las reservas y concentrados. La clave para una mejor utilización de nuestras praderas y verdeos es sin dudas el manejo de las mismas, y dentro de ese manejo la dotación juega un papel central. La obtención de mejores márgenes por há, objetivo primordial en la empresa lechera, va de la mano con la capacidad de consumir la mayor cantidad posible del pasto que producimos. Las cifras de hoy nos dicen que sólo consumimos entre 3000 a 4000 Kg/MS/há/año cuando seguramente producimos entre 6000 a 8000 kg/MS/há/año. Es conocido que existen grupos de productores que ya están superando los 12000 kg/MS/há/año, como el Grupo Agua y Leche de la zona de Kiyú.

Las perspectivas de crecimiento del sector lechero uruguayo se encuentran enmarcadas en un escenario internacional muy bueno, a pesar de los vaivenes y volatilidades propias del mercado global en el que nos toca vivir. Se cuenta con un sector bien estructurado con muy buena capacidad industrial y una muy fuerte organización cooperativa que asegura a los productores transparencia en la gestión y máxima transferencia de recursos al precio de la leche. Los problemas que hemos enunciado en los párrafos anteriores son, a nuestro juicio, fuertes restricciones que deberá levantar el sector para poder seguir creciendo y desarrollándose en forma sólida. La fuerte concentración tanto de la producción como de las vacas y la tierra dentro del sector hace que las decisiones de muy pocos productores tengan un gran impacto, por lo que es estratégicamente muy importante equilibrar el desarrollo de los distintos niveles de productores. En el corto plazo la posibilidad de consolidar un crecimiento genuino, pasa entre otros aspectos, por superar los problemas asociados al bajo número de terneras y vaquillonas disponibles para aumentar significativamente el rodeo lechero. La investigación en sistemas lecheros que sean consistentes con la inserción internacional de nuestro comercio y con nuestra capacidad de producción, nos permitiría analizar los avances tecnológicos como partes de un todo con sentido racional desde el punto de vista económico, ambiental y humano. La lechería en nuestro Uruguay debería ser en un no muy lejano día, uno de los principales rubros de exportación con capacidad para captar tierras y nuevos productores, pero eso depende en gran medida, de la capacidad que tengamos como País de tomar hoy las decisiones en el camino correcto.