El Sr. Corrado Gini fue,
entre otras cosas, un renombrado estadístico que investigó a
principios del siglo pasado la distribución del ingreso en una
población y creó un coeficiente que lleva su nombre, que sirve para
medir las desigualdades de distintas poblaciones. En una perfecta
igualdad de distribución, todos los individuos tienen lo mismo, el
índice es 0 y en una perfecta desigualdad, un individuo tiene todo y
los demás nada, el valor de este coeficiente es 1. El índice es
comúnmente utilizado para medir el ingreso de la población de los
diferentes países y varía entre los que tienen mejor distribución
como Noruega, Suecia, que tienen valores del orden de 0,24 a los que
presentan peores distribuciones como Sudáfrica o Namibia con valores
del orden de 0,65. Nuestro País se encuentra en el puesto 114 (en
una lista de 160 países publicada por la ONU ) con un valor del
índice de Gini de 0,453. En términos prácticos y a los efectos de
una mejor visualización de lo que significa este valor, podemos
decir que, en nuestro País, el 20% de la población más rica tiene
20 veces más ingresos que el 20% más pobre.
Cuando aplicamos este
índice a nuestra población de vacas lecheras tomando como base las
cifras de la Declaración Jurada de Dicose 2012, haciendo la salvedad
que para hacer el cálculo se debió asumir que dentro de los rangos
de productores en los que se agrupan los datos, la distribución es
igual, (lo que obviamente no es así y constituye una fuente de error
que se asume no genera variaciones significativas en el cálculo
final), se obtienen valores que nos permiten analizar el
comportamiento de nuestro sector en el pasado reciente y presentar
algunas hipótesis sobre las posibilidades de crecimiento en el
futuro.
Nuestra población de
vacas lecheras se distribuye entre los tambos con un índice de Gini
de 0,53 lo que, utilizando el mismo mecanismo de ejemplo del párrafo
anterior, implica que el 20% de los tambos más grandes tiene 25
veces más vacas que el 20 % de los tambos más chicos. Importa
señalar que estamos hablando de Nos. de Dicose y que un propietario
puede tener, y efectivamente es así , y sobre todo entre las
empresas mayores , varios “Dicoses” diferentes, con lo cual la
concentración medida no ya en establecimientos sino en propietarios,
seguramente será mayor.
El Instituto Nacional para
el Mejoramiento Lechero ha publicado recientemente una descripción
de lo que ellos denominan la “vaca promedio” de un rodeo de
50.000 animales de los que se llevan registros en esa institución,
información referida a los últimos 5 años (2007-2011). Estos datos
provienen de tambos que realizan registros y controles de producción
por lo que cabe suponer que se encuentran, por lo menos, de la mitad
hacia arriba en cuanto a su desarrollo tecnológico. Esta “vaca
promedio” nos dice que tiene su primer parto a los 35.9 meses y su
descarte entre los siete y ocho años. Al mismo tiempo nos informan
que las vacas tienen 4 lactancias en ese período y que el intervalo
interparto es de alrededor de 15 meses. De esta información podemos
deducir que un 25% de las vacas son descartadas promedialmente cada
año.
DICOSE en la declaración
jurada correspondiente al año 2012 fija el total vacas lecheras en
442.846 (se han tomado las vacas correspondientes a propias en el
establecimiento y ajenas en el establecimiento a los efectos de
evitar duplicaciones) por lo que deberíamos asumir, en función de
la información que nos proporciona el INML que se descartarán
110.000 vacas lecheras en el ejercicio 2012/13. Para reponer estas
vacas descartadas, y también siguiendo los parámetros antes
indicados, contamos sólo con 53.713 vaquillonas de más de 2 años
que deberían estar todas preñadas. Si el sector hubiera adoptado en
forma masiva una intensificación en la recría, de lo cual no
tenemos ninguna información que permita suponerlo, podríamos
recurrir a la categoría de terneras de 1 a 2 años que son 89.505
pero necesitaríamos que 56.000 de esas terneras estuvieran pariendo
en este ejercicio o sea el 63% de las mismas, lo que no aparece como
muy probable.
La realidad nos muestra
que sólo logramos un 59% de parición de nuestras vacas lecheras, lo
que contribuye a agravar más aún el panorama planteado
precedentemente. Si a estas cifras de por sí preocupantes les
agregamos que en los 2 últimos años se han exportado más de 60.000
terneras, queda muy claro que enfrentamos un serio obstáculo para
pensar en un proceso de crecimiento sostenido de nuestra lechería.
Lamentablemente, este no es un problema nuevo ni reciente. Nueva
Zelanda, nuestro principal competidor en los mercados mundiales y por
ello referente ineludible, cuenta con un rodeo de 6:500.000 de vacas
lecheras y lo ha duplicado en los últimos 30 años, Uruguay en el
mismo período apenas multiplicó por 1,25 sus vacas lecheras. Es
cierto que en último ejercicio de acuerdo con las cifras de DICOSE,
el número de vacas lecheras aumentó un 4,5% (19.052 vacas) pero en
función de las cifras de reposición analizadas tanto de este
ejercicio, como del anterior se puede razonablemente pensar que
frente a una muy buena situación de precios y resultado del negocio,
muchos productores optaron por disminuir el refugo anual,
(lamentablemente no hemos podido obtener cifras oficiales que
confirmen esta teoría).
Esta debilidad para el
crecimiento de nuestro sector aparece uniformemente distribuida en
todos los estratos en los que DICOSE separa a los productores siendo
un poco mejor en los productores de más de 500 hás (14,43% terneras
de + de 2 años) pero de cualquier manera insuficiente para una
correcta reposición.
Dentro de los pocos
trabajos que se realizan en nuestro País sobre análisis de
resultados y aplicación de sistemas lecheros son muy destacables los
que lleva adelante Conaprole en sus programas de Producción
Competitiva y Apoyo a la gestión Lechera, cuya dirección está a
cargo del Ing. Chilibroste, complementados por el seguimiento de
costos de un número importante de productores por parte del equipo
cuyo responsable es el Ing. Jorge Artagaveytia. No es el propósito
de esta comunicación analizar en profundidad los datos que surgen de
estos importantes trabajos, pero la información que surge de los
mismos indica que, más allá de la importantísima función que
cumple la capacidad de gestión del productor cualquiera sea el
sistema utilizado, los modelos más exitosos son aquellos que logran
consumir de mejor forma la materia seca proveniente de las pasturas
de los establecimientos, con un equilibrado uso –no excesivo- de
las reservas y concentrados. La clave para una mejor utilización de
nuestras praderas y verdeos es sin dudas el manejo de las mismas, y
dentro de ese manejo la dotación juega un papel central. La
obtención de mejores márgenes por há, objetivo primordial en la
empresa lechera, va de la mano con la capacidad de consumir la mayor
cantidad posible del pasto que producimos. Las cifras de hoy nos
dicen que sólo consumimos entre 3000 a 4000 Kg/MS/há/año cuando
seguramente producimos entre 6000 a 8000 kg/MS/há/año. Es conocido
que existen grupos de productores que ya están superando los 12000
kg/MS/há/año, como el Grupo Agua y Leche de la zona de Kiyú.
Las perspectivas de
crecimiento del sector lechero uruguayo se encuentran enmarcadas en
un escenario internacional muy bueno, a pesar de los vaivenes y
volatilidades propias del mercado global en el que nos toca vivir. Se
cuenta con un sector bien estructurado con muy buena capacidad
industrial y una muy fuerte organización cooperativa que asegura a
los productores transparencia en la gestión y máxima transferencia
de recursos al precio de la leche. Los problemas que hemos enunciado
en los párrafos anteriores son, a nuestro juicio, fuertes
restricciones que deberá levantar el sector para poder seguir
creciendo y desarrollándose en forma sólida. La fuerte
concentración tanto de la producción como de las vacas y la tierra
dentro del sector hace que las decisiones de muy pocos productores
tengan un gran impacto, por lo que es estratégicamente muy
importante equilibrar el desarrollo de los distintos niveles de
productores. En el corto plazo la posibilidad de consolidar un
crecimiento genuino, pasa entre otros aspectos, por superar los
problemas asociados al bajo número de terneras y vaquillonas
disponibles para aumentar significativamente el rodeo lechero. La
investigación en sistemas lecheros que sean consistentes con la
inserción internacional de nuestro comercio y con nuestra capacidad
de producción, nos permitiría analizar los avances tecnológicos
como partes de un todo con sentido racional desde el punto de vista
económico, ambiental y humano. La lechería en nuestro Uruguay
debería ser en un no muy lejano día, uno de los principales rubros
de exportación con capacidad para captar tierras y nuevos
productores, pero eso depende en gran medida, de la capacidad que
tengamos como País de tomar hoy las decisiones en el camino
correcto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario