Cuando analizamos las cifras de nuestra lechería y
una vez que salimos del elogio fácil y nos proponemos generar un
camino de crecimiento sólido hacia el futuro, nos viene a la mente
la ya famosa frase de los astronautas del Apolo 13 “Houston,
tenemos un problema”. Para definir el problema y con ello encontrar
los caminos de solución, se hace necesario situarnos en los
sistemas de producción predominantes en nuestro País y su evolución
reciente.
En recientes actividades del sector, particularmente
en el FOPROLE, se analizaron en profundidad las diferentes opciones
productivas y cómo los productores uruguayos se han posicionado
frente a ellas. El Ing. Chilibroste, que encabeza el equipo que
formuló e implementa el Plan Estratégico de Conaprole en lo
referente la producción primaria a través de los proyectos de
Producción Competitiva y Apoyo a la Gestión Lechera, nos mostró
con una importante base de datos producto de varios años de trabajo,
cómo los productores hemos intensificado fuertemente la producción
situándonos a medio camino entre los sistemas basados en una
altísima producción individual y los sistemas de baja producción
individual con muy altas cargas.
Los resultados económicos muestran en forma
consistente a lo largo de los años que aquellos productores que
logran consumir la mayor cantidad de materia seca producida en su
establecimiento en forma de pasto cosechado directamente por sus
vacas, manteniendo buenas producciones individuales, son los que
obtienen mejores ingresos y márgenes. Recordemos la frase del Ing.
Chilibroste haciendo énfasis en no despreciar la incorporación de 2
kgs. de pasto en la dieta por el importante impacto económico que
tiene.
También quedó claro que continuar en el proceso de
intensificación implicará la toma de decisiones hacia uno u otro
modelo con más o menos inversiones en infraestructura, ganado,
maquinaria, etc. Al decir del abuelo del Ing. Yamandú Acosta “ al
navegante que no sabe a dónde va
ningún viento le viene bien”; en otras palabras
debemos tener muy claro que para seguir creciendo tenemos que tomar
decisiones claras sobre las bases productivas de ese crecimiento.
A pesar de carecer de una investigación nacional en
el tema, la información disponible, tal como lo mencionáramos,
apunta a que, en nuestro País, inserto en el mundo “encerrado”
del que nos hablaba el Cdor. Nuñez, el crecimiento de la producción
lechera deberá tener como protagonista principal al pasto
consumido por las vacas.
Definido el escenario sobre el que deberemos
movernos, el aumento de carga de vacas en nuestros sistemas es una
condición imprescindible para aumentar el consumo de pasto. Aquí es
donde aparece el problema: nuestra población de vacas no aumenta con
el ritmo requerido y lo que es peor aún las categorías jóvenes
tampoco. Las cifras publicadas por DICOSE nos muestran un modesto
aumento del 4,5% de las vacas masa pero una disminución de las
categorías + de 2 años del orden del 25% , del 11% en la de 1 a 2
años y de un 6% en las terneras, lo que finalmente nos muestra un
decrecimiento del 1% del rodeo total.
En los trabajos realizados por el Ing. Jorge
Artagaveytia se muestra que, los productores que llevan los registros
del programa de costos de Conaprole, el porcentaje de vacas que paren
por año es del orden del 70%. Si a eso le sumamos las informaciones
de Mejoramiento Lechero sobre la edad al primer parto y el número de
lactancias útiles y las informaciones del Dr. Repetto acerca de las
dificultades y mortalidad en la cría y recría, los números de
Dicose no pueden sorprendernos.
Tengamos en cuenta que en este último año no se
realizaron exportaciones de terneras, lo que hubiera agravado aún
más la situación descripta.
En los últimos años hemos perdido productores y
tierra, apenas logramos mantener nuestro rodeo, pero aumentamos
significativamente la producción. Más leche con las mismas vacas
tiene un techo biológico/económico cercano y variable en nuestros
sistemas. Para mantener el crecimiento en forma sustentable
deberemos, entre otras muchas cosas, aumentar el número de vacas y
eso requiere un trabajo profundo desde muchas áreas para mejorar los
aspectos reproductivos, la cría y la recría de nuestras terneras.
La importancia que se dé a este problema y por lo
tanto los recursos que se destinen al mismo dependerá ciertamente de
cómo se vea el futuro de la lechería y el rumbo a seguir,
parafraseando al abuelo de Yamandú saber a dónde ir para aprovechar
los buenos vientos.
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