domingo, 3 de noviembre de 2013

TENEMOS UN PROBLEMA…

Cuando analizamos las cifras de nuestra lechería y una vez que salimos del elogio fácil y nos proponemos generar un camino de crecimiento sólido hacia el futuro, nos viene a la mente la ya famosa frase de los astronautas del Apolo 13 “Houston, tenemos un problema”. Para definir el problema y con ello encontrar los caminos de solución, se hace necesario situarnos en los sistemas de producción predominantes en nuestro País y su evolución reciente.
En recientes actividades del sector, particularmente en el FOPROLE, se analizaron en profundidad las diferentes opciones productivas y cómo los productores uruguayos se han posicionado frente a ellas. El Ing. Chilibroste, que encabeza el equipo que formuló e implementa el Plan Estratégico de Conaprole en lo referente la producción primaria a través de los proyectos de Producción Competitiva y Apoyo a la Gestión Lechera, nos mostró con una importante base de datos producto de varios años de trabajo, cómo los productores hemos intensificado fuertemente la producción situándonos a medio camino entre los sistemas basados en una altísima producción individual y los sistemas de baja producción individual con muy altas cargas.
Los resultados económicos muestran en forma consistente a lo largo de los años que aquellos productores que logran consumir la mayor cantidad de materia seca producida en su establecimiento en forma de pasto cosechado directamente por sus vacas, manteniendo buenas producciones individuales, son los que obtienen mejores ingresos y márgenes. Recordemos la frase del Ing. Chilibroste haciendo énfasis en no despreciar la incorporación de 2 kgs. de pasto en la dieta por el importante impacto económico que tiene.
También quedó claro que continuar en el proceso de intensificación implicará la toma de decisiones hacia uno u otro modelo con más o menos inversiones en infraestructura, ganado, maquinaria, etc. Al decir del abuelo del Ing. Yamandú Acosta “ al navegante que no sabe a dónde va
ningún viento le viene bien”; en otras palabras debemos tener muy claro que para seguir creciendo tenemos que tomar decisiones claras sobre las bases productivas de ese crecimiento.
A pesar de carecer de una investigación nacional en el tema, la información disponible, tal como lo mencionáramos, apunta a que, en nuestro País, inserto en el mundo “encerrado” del que nos hablaba el Cdor. Nuñez, el crecimiento de la producción lechera deberá tener como protagonista principal al pasto consumido por las vacas.
Definido el escenario sobre el que deberemos movernos, el aumento de carga de vacas en nuestros sistemas es una condición imprescindible para aumentar el consumo de pasto. Aquí es donde aparece el problema: nuestra población de vacas no aumenta con el ritmo requerido y lo que es peor aún las categorías jóvenes tampoco. Las cifras publicadas por DICOSE nos muestran un modesto aumento del 4,5% de las vacas masa pero una disminución de las categorías + de 2 años del orden del 25% , del 11% en la de 1 a 2 años y de un 6% en las terneras, lo que finalmente nos muestra un decrecimiento del 1% del rodeo total.
En los trabajos realizados por el Ing. Jorge Artagaveytia se muestra que, los productores que llevan los registros del programa de costos de Conaprole, el porcentaje de vacas que paren por año es del orden del 70%. Si a eso le sumamos las informaciones de Mejoramiento Lechero sobre la edad al primer parto y el número de lactancias útiles y las informaciones del Dr. Repetto acerca de las dificultades y mortalidad en la cría y recría, los números de Dicose no pueden sorprendernos.
Tengamos en cuenta que en este último año no se realizaron exportaciones de terneras, lo que hubiera agravado aún más la situación descripta.
En los últimos años hemos perdido productores y tierra, apenas logramos mantener nuestro rodeo, pero aumentamos significativamente la producción. Más leche con las mismas vacas tiene un techo biológico/económico cercano y variable en nuestros sistemas. Para mantener el crecimiento en forma sustentable deberemos, entre otras muchas cosas, aumentar el número de vacas y eso requiere un trabajo profundo desde muchas áreas para mejorar los aspectos reproductivos, la cría y la recría de nuestras terneras.

La importancia que se dé a este problema y por lo tanto los recursos que se destinen al mismo dependerá ciertamente de cómo se vea el futuro de la lechería y el rumbo a seguir, parafraseando al abuelo de Yamandú saber a dónde ir para aprovechar los buenos vientos.

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