En los últimos meses una especie de tsunami
parece haber arrasado con los mercados
lecheros a nivel mundial. Al influjo de una demanda deprimida y un
exceso de oferta (difícil saber cuál de las dos va primero), los
precios han caído un 50% y, como siempre sucede en estos casos, los
compradores se retraen esperando una baja mayor. En el lado de la
oferta Nueva Zelanda, Europa y Estados Unidos, los mayores actores
del comercio mundial de lácteos, han crecido y prometen al menos un
años más de crecimiento impulsados por el clima (NZ), la
eliminación de las cuotas (Europa) y los bajos precios de los granos
(EEUU). En la demanda China retraída consumiendo altos stocks y
aumentado su producción (ya hay quienes dicen que si el crecimiento
de la producción China continúa en 5 años estaría llegando al
autoabastecimiento), otros compradores de importancia como Argelia
abastecidos por Europa y EEUU y en el mercado regional, refugio que
nos ha protegido tantas veces de las turbulencias mundiales, esta vez
las cosas no pintan bien. En efecto, tal como era previsible, Brasil
está alcanzando su autoabastecimiento y salvo factores climáticos
de excepción, va a pasar a ser un mercado marginal para nosotros.
Venezuela, comprador de gran importancia sobretodo en quesos,
arrastra una crisis de imprevisible final, que la retrae de las
compras y lo que es peor también de los pagos, lo que hace difícil
considerarla como un destino principal de nuestra producción. Rusia
que pareció ser una alternativa salvadora, es en realidad un arma de
doble filo, ya que si bien nos compra más de lo que compraba, al no
comprar a otros abastecedores sobre todo europeos, genera mayor
presión bajista sobre los mercados mundiales.
Significan esta situación, que volvemos a la “larga
noche” que vivimos cuando la aplicación de los subsidios generaba
que la leche en polvo se vendía a menos de la mitad de lo que
costaba producirla? Los mejores analistas de mercado coinciden en
afirmar que NO. La
urbanización creciente, el cambio en las costumbres alimentarias, la
alimentación infantil en base a preparados específicos, el
crecimiento demográfico de zonas con mayor desarrollo económico y
muchas razones más nos impulsan a creer firmemente que la demanda
por leche y productos lácteos va a superar en el corto y mediano
plazo nuestra capacidad de producir.
Cuánto va a durar entonces esta onda negativa de los
mercados? Ahí sí que tenemos respuestas para todos los gustos.
Goldman Sachs anunció hace ya varios meses que el mundo iba demorar
al menos 2 años en consumir la sobreproducción de lácteos, otros
como Rabbobank sitúan un cambio de tendencia en el segundo semestre
de 2015 y algunos dirigentes locales dejan entrever que “no hay
problema”.
Como sea que finalmente ocurra, es muy importante que
una crisis, que seguramente va a ser coyuntural y de no demasiado
larga duración, no genere condiciones que afecten gravemente el
desarrollo del sector en el largo plazo. En nuestra opinión tenemos
que “blindar”
a la lechería nacional para evitar la salida de productores del
sector y/o la venta de una parte importante del stock lechero,
particularmente terneras.
El año 2015 va a ser un año de comienzos y tal vez,
ojalá así sea, podamos encontrar los apoyos y las ideas para
formular una política lechera de largo plazo que nos permita crecer
pero además desarrollarnos, para enfrentar fuertes de verdad los
vaivenes de los mercados, antes que sea tarde.
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