sábado, 24 de noviembre de 2012

LECHERIA: LO QUE NOS DEJAN LAS CIFRAS DE DICOSE


La publicación de las cifras de la última declaración jurada de DICOSE en lo que refiere al sector lechero, nos muestra que el crecimiento de la producción lechera que se produjo en los últimos 2 años enfrenta algunas limitantes que se deberán levantar para continuar creciendo en forma sostenida. Lamentablemente, no es totalmente compartible la opinión generalizada acerca de la influencia negativa del clima en la disminución de la producción en la primavera 2012. Si analizamos las bases de la explosión productiva del último año y medio, encontraremos que lo que en realidad se dio fue una especie de utilización mayor de la “capacidad ociosa” de nuestras vacas lecheras mediante el uso de concentrados en cantidades crecientes .Así, con las mismas vacas, las misma superficie lechera y casi la misma cantidad de productores se aumentó significativamente la producción de leche. Esta “toma de ventajas” por parte de los productores tiene la característica de ser muy elástica y, en tanto las condiciones económicas de margen que le dieron origen cambien, fácilmente revertible. A mi juicio, frente a una disminución del precio de la leche y el aumento de los concentrados, así como una percepción de incertidumbres en el futuro inmediato, muchos productores “bajaron un cambio” y de ahí el resultado productivo generado.
Esta coyuntura planteada en la primavera 2012, nos hace reflexionar acerca de la evolución reciente del sector y, a través de las cifras de Dicose, aventurar una opinión sobre las posibilidades de mantener un crecimiento consistente de la lechería uruguaya.
En primer término corresponde comprobar que el número de productores, haciendo la salvedad que rige para todo este análisis, que nos referimos a predios lecheros con número de Dicose y no estrictamente a productores o empresas, no tiene variaciones significativas; hay 86 productores menos (-1,9%), y tampoco hay variaciones significativas en cada uno de los estratos por tamaño definidos por Dicose.
En segundo término, no hay tampoco variaciones significativas en el área dedicada a la lechería, 846.690 hás en 2012, vs 856566 hás en 2011 (-0,8%). En principio esto destruye el mito que afirma que la lechería está perdiendo tierras frente a la agricultura, habría que abrir los datos por departamentos para comprobar si esta afirmación es válida en todos los casos. Se mantiene también, y parece ser unos de los puntos débiles de nuestro sector, el porcentaje de tierra arrendada en torno al 50%.
En tercer término, los litros de leche aumentan un 11,6% en el ejercicio cifra que es manejada por todos y que a junio 2012 ya muestra una desaceleración de los porcentajes de incremento registrados el pasado año.
En cuarto lugar, la superficie de praderas tiene un leve incremento (2,7%) y los cultivos anuales no presentan variación aunque se mantienen en una proporción elevada (40% del área forrajera sembrada).
En quinto lugar, las vacas lecheras aún con un leve aumento del 5% mantienen una tendencia de estancamiento que se observa desde hace muchos años. Lo grave es que si analizamos el número de vaquillonas de más de 2 años, que obviamente constituyen la reposición del natural refugo anual de los tambos, éstas sólo alcanzan al 11,74% del rodeo adulto lo que constituye una fuerte limitación al crecimiento del rodeo y por lo tanto al crecimiento consistente de la producción. Recordemos, sólo a modo de ejemplo, que Nueva Zelanda duplicó su rodeo lechero en los últimos 10 años. Más complejo se torna elpanorama si sumamos al análisis la categoría de terneras de 1 a 2 años, ya que sólo suman el 19% de las vacas masa. Conociendo datos de nuestro rodeo que fijan la edad promedio del primer parto en el entorno de los 36 meses, y sabiendo que aún enlentecida la exportación de terneras está activa, el panorama no es muy halagüeño. Esta limtante impide no sólo pensar en un aumento de carga, necesario para dotar de rentabilidad a nuestros sistemas pastoriles, sino que prácticamente elimina la posibilidad de selección con el agravante de que se quedan las terneras que dan positivas a leucosis, lo que tiende a aumentar la incidencia de esta enfermedad en el rodeo nacional.
Por último corresponde una reflexión acerca de la distribución de la producción de leche en los diferentes estratos en los que Dicose divide a los productores. Los tres estratos inferiores, que abarcan a los productores de menos de 100 hás, corresponden a 1866 establecimientos que son el 65% de los que se dedican a lechería como rubro principal y producen sólo el 15% de la leche total. El otro 85% es producido por 1546 establecimientos (algunos de los cuales de la misma empresa, p.ej. NZFUruguay) y 1021 establecimientos que presentan otros giros productivos en las explotaciones.
Pensar el futuro de nuestra lechería asumiendo los retos del crecimiento implica un análisis serio y profundo de las limitantes expuestas, proponer soluciones y proyectos que apunten a los verdaderos problemas y a fortalecer lo bueno que en todo este tiempo se ha hecho, que por suerte es mucho.

viernes, 29 de julio de 2011

Apuntes sobre la situación actual de la comercialización de leche para el consumo.

1-Introducción. En los últimos años hemos asistido a una gradual desintegración del régimen de comercialización de leche de consumo que rigió, con pequeñas variaciones, en nuestro País durante los últimos 50 años . A partir del Decreto-Ley 15640, que de hecho consagró el fin del monopolio de Conaprole y una especie de “competencia” regulada y culminando con el Decreto 129/008 que elimina la fijación del precio al productor, pero mantiene la fijación del precio al consumidor, se han ido procesando una serie de cambios, que apuntan a liberalizar el mercado de la leche fluida para consumo y en cierta manera, reconocen la nueva situación de una lechería cada vez más exportadora. El accionar del gobierno ha generado un escenario en el que, en la medida en que no se establecen parámetros claros y consensuados sobre el ajuste del precio, se ha producido una profunda distorsión que implica importantes transferencias de recursos desde el sector productor al sector consumidor.

2-El consumo de leche pasteurizada. Según datos de DIEA, el consumo de leche pasteurizada alcanzó en el año 2010, los 154 millones de litros con un crecimiento del 4% con respecto al año 2009. Analizando los datos disponibles de la última encuesta sobre consumo de alimentos en los hogares del INE encontramos que la leche pasteurizada es el producto lácteo más adquirido en los hogares uruguayos. Si desmenuzamos la información disponible encontramos que a nivel de 20% de la población de menores ingresos el consumo es de 147grs/día/persona, mientras que en el 20% superior ese consumo alcanza los 229 grs/día/persona, siendo la media 211 grs. Hay que resaltar que estamos hablando de leche pasteurizada entera, ya que en los hogares de mayores ingresos pasa a tener relevancia el consumo de leches descremadas, larga vida etc. También es importante resaltar que el consumo de leche cruda o “de tambo”, es muy importante sobre todo en el interior del País y más aún en las pequeñas localidades alcanzando los 34 grs/día/persona en promedio y los 54 grs/día/persona en los hogares más pobres.

3-La historia. Cuando en 1935 se aprobó la ley de fundación de la Conaprole, la comercialización de leche en el Uruguay atravesaba un perfecto caos de libre comercialización con productores que no cobraban su leche, desabastecimiento, dudosa calidad del producto y empresas que se fundían. La ley 9526 que creó la Cooperativa Nacional de Productores de Leche fue una de las más importantes formulaciones de políticas de estado con respecto al sector lechero que se hayan realizado en nuestra historia. En sus fines principales figuraba asegurar a la población el abastecimiento de leche para el consumo y para los productores la seguridad de la comercialización. Ya en esa ley se fijan los principios de la “leche cuota” y en leyes posteriores (9899, 10707, 15640) se reafirma y consolida un intrincado sistema de distribución y comercialización de los derechos sobre la misma, en lo que a los productores de Conaprole, se refiere. La ley 18242 que creó el INALE le pone entre sus cometidos estudiar y sugerir un sistema de comercialización de leche, cosa que hasta el momento no ha cumplido. El decreto 129/008 deja sin efecto a partir de marzo de 2008 la fijación del precio al productor, pero no elimina el régimen de cuotas vigente para Conaprole, por lo que, en los hechos, obliga a la Cooperativa a mantener su vigencia ya que, entre otras cosas, determina el número de votos por matrícula en la elección de las autoridades de la empresa. Al mismo tiempo, luego de más de 70 años de vigencia de la “leche cuota”, muchos precios relativos del sector se relacionan con el mismo. De ellos el más importante, sin lugar a dudas, es el de los arrendamientos en un sector que arrienda más del 50% de la superficie que trabaja. Al congelar el valor durante ya 3 años, se ha generado una importante distorsión de precios, en un momento en que la competencia por la tierra es particularmente dura.

3- Los beneficiarios y los perjudicados. De acuerdo a la situación actual la diferencia de precios entre la leche industria y la de consumo se encuentra en el orden de US$ 0,12 /lt lo que determina una pérdida de ingresos de US$ 1,5 millones/mes para los productores. Este traslado involuntario y coercitivo de recursos hacia el sector consumidor tiene, según ya vimos en el punto2, como principales destinatarios – más del 80%- a los sectores de medios y altos ingresos. Como un dato adicional, pero no menor, en el período considerado, los ingresos de los hogares uruguayos crecieron en el orden del 30%, estando actualmente entorno a los $32000/mes. Un aumento de $2 por litro, como el reclamado por los productores, implicaría a un hogar que consumiera 2 litros por día (más que el promedio) un gasto adicional de $ 120/mes o sea un 0,004 % de los ingresos. Desde el punto de vista de la inflación, la leche pasteurizada casi no tiene incidencia ocupando un 0,6185% del IPC, frente a un 26,0566 de los alimentos.

Como el sistema de cuotas continúa vigente, los productores más pequeños, que reciben una proporción más alta de leche cuota, son los más perjudicados. En el caso de Conaprole esa cifra alcanza a casi 500 productores, pero en casos como el de Coleme son el 100% de los productores perjudicados.

Desde el punto de vista de la industria, y sin entrar en un análisis de costos industriales, en un escenario de creciente competencia por la materia prima, aquellas industrias que no tengan compromiso de abastecimiento del mercado de leche fluida, podrán pagar un plus a sus productores o a quienes quieran captar.

4-Posibles caminos. La primer medida urgente y sin dilaciones debe ser un ajuste del precio de la leche de consumo no inferior a $2 que permitiría corregir hacia adelante, el desfasaje actual. En segundo término, pero no dilatado en el tiempo, deberíamos definir como País, que esquema de comercialización de leche pasteurizada vamos a seguir; mercado libre o regulado. Después de 75 años de mercado regulado no parece posible, en lo inmediato, un desregulación total y brusca del mismo. Aceptar un mercado regulado implica aceptar la existencia de reglas de juego consensuadas y un escenario en la ningún actor sea el “dueño” del precio. Las fórmulas de ajuste no deberían ser difíciles de encontrar un vez que exista la voluntad política para ello.




sábado, 16 de julio de 2011

ACLARANDO LA LECHE


En los últimos días se han renovado los reclamos para actualizar el precio de la leche de consumo que se encuentra congelado desde hace ya 3 años. La permanente suba de los precios internacionales ha hecho que la brecha que separa el precio de la llamada “leche cuota” de la industria se encuentre hoy cerca de los $2 y esto hace que de hecho, se opere una transferencia de recursos desde el sector productor al consumidor del orden de US$ 1,5 millones mensuales.

Esta situación, que de por sí es grave porque genera una forma de subsidio encubierto y por decreto, presenta distintos aspectos, que a mi juicio, la hacen más injusta y rechazable.

Un primer aspecto lo constituye el destino de los fondos transferidos, que eventualmente podría “justificar” el aporte. Para analizarlo recurriremos a la Encuesta de Hogares del INE que nos muestra que el 20% de los hogares más pobres de nuestra población, (que no todo está bajo la línea de pobreza), consume menos del 20% de la leche pasteurizada. En buen romance cerca del 80% de la transferencia de recursos que se opera por el precio congelado de la leche va a parar a hogares de ingresos medios y medio-altos.

Un segundo aspecto que podemos analizar es el referido al origen de los recursos. El Decreto 129/008 que eliminó la fijación del precio al productor manteniendo la fijación al público, no tomó en cuenta el particular entramado que más de 50 años generaron alrededor de la “leche cuota”. En el caso de Conaprole, por lejos la empresa más afectada, la distribución de la cuota se opera a través de mecanismos legales y cada litro por encima de los 60 iniciales se comercializaba con obligación de compra y venta en relación a los volúmenes de remisión. Este mecanismo, con 60 litros iniciales para todos los productores, hace que la leche de consumo sea un proporción mayor en los productores de menor remisión, y son entonces estos pequeños productores los más afectados al recibir un menor precio promedio. Esta situación se agrava en algunas plantas del interior, caso Coleme, en donde por ser único abastecedor de la ciudad la proporción de leche de consumo es mayor.

Un tercer aspecto está referido a la competitividad de las empresas que abastecen de leche a la población. En efecto, al trasladarse este menor precio a los productores remitentes, las empresas que abastecen el mercado de leche pasteurizada quedan en desventaja para competir por la captación de leche, con aquellas que no participan de este segmento de mercado. En un escenario, en donde se presume con la llegada de inversiones extranjeras, una fuerte competencia por la materia prima, esta situación tiende a configurar un desestímulo para el abastecimiento de leche y un situación desventajosa para aquellas empresas, como lo es claramente Conaprole, que están “obligadas” en este mercado.

En conclusión, el tema del precio de la leche de consumo está siendo manejado de forma tal que opera en contra de los fines propuestos ya que favorece mayormente a los consumidores de mejores recursos castigando a los productores más pequeños y colocando en una situación desventajosa a las empresas que aseguran, y lo han hecho durante siempre, el abastecimiento a la población.

jueves, 16 de junio de 2011

UN PAIS DE ESPALDAS A SI MISMO

El planteo del Presidente de la República de gravar con un impuesto a los propietarios de extensiones de tierra de más de 2000 hás tiene a nuestro juicio, dos abordajes para su análisis. El primero, que ha sido el centro de los debates de los últimos días, es el impuesto en sí mismo, sus fundamentos, destinos, objetivos más allá de la recaudación, justicia, etc. El segundo, a mi entender un producto “secundario”de la discusión generada, es la visión y la información que de la agropecuaria se mantiene desde vastos sectores de la sociedad y su clase política dirigente.

Entrando en el análisis del impuesto en sí mismo lo primero que aparecen son preguntas que no han sido claramente respondidas por los defensores de la propuesta; ¿cuáles son los objetivos del impuesto? , ¿por qué se dividen los productores en más de 2000 y menos de 2000 hás?, ¿cómo y quiénes administrarán los fondos recaudados?.

En un principio el presidente Mujica planteó el impuesto como un aporte de los grandes emprendimientos agropecuarios a las necesarias y cuantiosas obras de infraestructura que necesita el Uruguay para sostener el crecimiento de su producción agropecuaria. La recaudación planteada, unos US$ 60: no tendría en realidad demasiado impacto ya que se estiman entre US$ 1500: y US$ 3000: para esos fines. En un segunda instancia se dijo que además abarcaría el desarrollo rural incluyendo al INC y por último, en lo que parece ser el objetivo con mayor peso ideológico, se argumenta que se trata de medidas para frenar el proceso de concentración de la tierra.

La recaudación objetivo, US$ 60:, dividida por lo que el Ec. Frugoni plantea como cobro por há, unos US$8, abarcaría unos 7,5 millones de hás, algo así como el 50% de la superficie agropecuaria del País, lo que no es consistente con el resto de las cifras manejadas en cuanto al número de productores o el importe por há. La agricultura y la forestación, “culpables” del deterioro de la caminería rural, no abarcan sumadas más de dos millones de hás, de las cuales seguramente un porcentaje importante cae fuera de los límites del impuesto, por lo que, como bien lo dijo el Cdor. Astori, los ganaderos soportarán sobre sus empresas el grueso de la recaudación planteada.

El mecanismo elegido para combatir la concentración de la tierra por medio de un impuesto como éste, es por lo menos de muy dudosa eficacia y si analizamos anteriores experiencias, en realidad tiende a aumentar la propiedad en manos de grandes empresas cuyos capitales provienen del exterior, con proyectos de largo plazo y que miden su rentabilidad con otros parámetros que el inversor local.

Tampoco quede claro porque se elige el límite de 2000 hás y no 2500 o 1800, no hay un fundamento, ni siquiera uno, para explicar el límite elegido. Se repite el error de franjear productores como en los apoyos por la sequía y otras tantas veces.

En fin, el instrumento es inhábil para los fines propuestos porque no va cumplir con ninguno de los objetivos declarados, con el agravante que nos muestra un quiebre de la política fiscal, erosionando la credibilidad y generando la sensación que hoy les toca a los de más de 2000 hás pero ya no habrá una certeza en la materia.

No menos importante resulta comprobar el preocupante nivel de desinformación de nuestra clase dirigente acerca de la principal actividad económica del País. En estos días hemos escuchado a diputados, senadores y hasta ministros, referirse a las ganancias del sector manejando cifras absolutamente alejadas de la realidad; confundiendo aumento en los precios con ganancias, productividad con rentabilidad, producto bruto con margen sectorial, y la lista podría seguir. La población, bombardeada con cifras desopilantes de la bonanza de la agropecuaria, no duda en apoyar que se les saque a los que más tienen y además “casi no aportan”.

El Uruguay vive una fiesta de consumo, hay que esperar para comprar un auto 0k, los “nuevos uruguayos” tienen LCD y 2 celulares, y por suerte mucho más; y nadie se pregunta quién paga la fiesta? ¿ quién pone los dólares baratos para comprar todos esos artículos? La respuesta es muy clara, el sector exportador, del cual el agro es la principal base, genera los recursos a través de un atraso cambiario que algunos no dudan en calificar como muy importante.

El asunto es que nos hemos acostumbrado a vivir de espaldas al campo, si un uruguayo se va del País extraña la rambla y el Cabo Polonio, nunca los verdes campos. Si un habitante de l Uruguay entra a una oficina de Montevideo de bombacha y botas, lo mirarán como un bicho raro pero si entra vestido como un paisano de EEUU no les llamará la atención. Hacemos excursiones y hasta filmaciones de los niños de las escuelas rurales para que conozcan el mar y nos emocionamos al ver sus caritas de asombro, ni se nos ocurre organizar algo para que los niños de Pocitos, por ejemplo, conozcan el campo de su país. No basta con cantar “la maldición de Malinche”, hay que darse cuenta que con ésta forma de pensar y actuar, cada vez más los que estamos en el campo vamos siendo casi extranjeros en nuestra propia tierra.

martes, 14 de junio de 2011

HACE UN AÑO

Hace un año, días más o días menos, nuestra Cooperativa se sacudía por uno de los conflictos más duros de su historia. Paros, “piquetes”, trancazo de las exportaciones, desabastecimiento del mercado interno, dificultades al interior de las plantas y otras medidas fueron aplicadas en un enfrentamiento, en el que más allá de las razones invocadas, en el fondo el problema central radicaba en la falta de capacidad de los actores para poder encontrar la fórmula, no de solución del conflicto puntual, sino del mecanismo de diálogo e integración de todos en un mismo proyecto, del cual todos dependemos.
Como en todos los conflictos de este tipo, todos perdimos, pero tal vez de éste se “salió” con las bases para posibilitar un nuevo relacionamiento dentro de la cooperativa que nos permite creer en un futuro mejor.
Junto con otros muchos compañeros nos tocó participar en los trabajos que desde la Anpl, culminaron con la firma del convenio entre Conaprole, Aoec, la Universidad de la República y la propia Asociación. Lejos estoy de creer que ese proyecto por sí sólo significó la base de la mejora de las relaciones laborales en nuestra empresa, pero sin dudas aportó y no poco, sobre todo en la difusión y comprensión de la problemática planteada. En efecto, se realizaron múltiples reuniones con legisladores, ministros, hasta el presidente José Mujica y el vicepresidente Astori, también con los principales dirigentes del Pit/Cnt y las jerarquías del MTSS.
Hoy nos alegramos de saber que se ha firmado el nuevo convenio colectivo sin ni siquiera una hora de paro, porque significa que comenzamos a transitar un camino, que aunque sabemos no será fácil, nos embarca en una estrategia ganar-ganar, más necesaria que nunca en los tiempos que se vienen para la lechería uruguaya.
Nos alegramos porque, apoyando la difícil decisión del Directorio de Conaprole y particularmente de su Presidente, hoy vemos que los pronósticos catastróficos no se cumplieron y por el contrario podemos celebrar un año sin conflictos. Hay que seguir trabajando porque obviamente lo principal aún está por hacerse pero sabiendo que aún el camino más largo empieza con un pequeño paso.

martes, 31 de mayo de 2011

QUO VADIS? La lechería uruguaya en la cruz de los caminos

Todo va bien en la lechería uruguaya, la palabra más usada para aplicar a los parámetros de la actividad es “record”. Los precios de la leche al productor superan los US$0,45, la producción crece a un ritmo de dos dígitos, inversores extranjeros se interesan en el sector, las exportaciones superan los US$ 400:, etc. El clima, que tan mal se portó en años anteriores, se está asociando a la fiesta y el otoño ha permitido maximizar las tareas de siembra y cosecha. Los productores como siempre lo hacen en respuesta a los buenos precios, están invirtiendo fuertemente tanto en lo que hace a la alimentación del ganado, como en lo referente maquinaria (se hace difícil conseguir un mixer con entrega inmediata), y obras de infraestructura, particularmente patios de alimentación. La industria está colocando fluidamente la producción y no nos encontramos frente a una situación de mercado único sino por el contrario, existe una amplia gama de clientes para los lácteos uruguayos en el mundo, los que nos disminuye los riesgos que afrontamos en el pasado con, por ejemplo, la dependencia de Brasil.

Como bien lo expresara recientemente el Presidente de FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo) Roberto Rodrígues, ex ministro de agricultura de Brasil, “los precios altos son el mejor fertilizante del mundo”, señalando que los actuales valores de los alimentos no son sostenibles en el tiempo y que “la fiesta no va a durar para siempre”. Algunos analistas locales, como Michele Santo (Búsqueda 12 de mayo), alertan acerca de la posibilidad de que haya comenzado un proceso de “desinfle” de los precios de las materias primas aún aceptando el hecho de que la demanda china se mantendrá firme, pero fundamentándose en la posibilidad de los cambios que a nivel financiero mundial, estarían procesándose. En el caso específico de los lácteos, los principales productores del mundo están aumentando fuertemente su producción y Fonterra ya ha anunciado un recorte de precios a sus productores para la próxima zafra.

Las luces de alerta se están encendiendo en todos lados y deberíamos prestarles atención, no para pisar el freno, sino para tomar las medidas necesarias y corregir el rumbo para adaptarlo a los tiempos que se vienen con, quizás, relaciones de precios no tan favorables.

El año pasado el Presidente Fonterra Henry van der Heyden, expresó que las 2 amenazas que él veía sobre los productores de Nueva Zelanda eran: ”la primera que otro países se tornaran más eficientes en la producción de pasto, produciendo leche a menores costos de producción y la segunda el riesgo de adoptar prácticas de manejo diferentes a nuestro sistema actual volviéndonos menos competitivos.”

En este contexto, nuestra lechería, como buena parte del agro nacional, está ingresando en una etapa de cambios que apuntan a sistemas de producción más intensivos, con una fuerte utilización de los concentrados y reservas como base de la alimentación y una disminución cada vez mayor en la dieta del pasto, al menos cosechado directamente por los animales. Algunos datos sugieren que no son pocos los establecimientos que presentan relaciones de 500 o más grs. de ración/lt y los volúmenes comercializados por Prolesa y la Anpl apuntan a confirmarlos.

El Ing. Pablo Chilibroste expresó en una presentación en el Inale en octubre pasado lo siguiente: “ Los sistemas que han sido competitivos en la última década han estado mayoritariamente concentrados entre 4.000 y 6.000 Lts. por Ha/VM. Más allá de las estrategias productivas han logrado mantener una estructura de alimentación en el que el forraje cosechado directamente por el animal no ha bajado del 50 % de la MS total.Esto es un punto crítico en la definición de estrategias de intensificación. Los modelos que intensifican en base a un crecimiento en su capacidad de producir biomasa (pasto más reservas) han crecido en forma estable y consistente con cierta independencia de la política que hayan utilizado con los concentrados.Los que han crecido basados principalmente en la incorporación de insumos externos (concentrados) sin mejorar su capacidad endógena de producción han tenido suerte muy variable dependiendo el nivel de eficiencia con la que han logrado aterrizar los insumos incrementales en el sistema. Para ser competitivos en los próximos años se debe aumentar productividad pero sin perder la referencia en los presentado anteriormente.”

Con estos elementos, y sin renunciar al objetivo de duplicar nuestra producción en los próximos 10 años, se hace necesario, por no decir imprescindible, la formulación de una política de largo aliento que proyecte al sector lechero dentro de definiciones que contemplen la realidad socioeconómica de sus productores y las ventajas para producir leche “a pasto” de nuestro País. Esta no es, no debe ser, una definición caprichosa o populista de tratar de mantener en el sector unidades de producción ineficientes por el sólo hecho de evitar que migren a las ciudades. Se trata de aplicar tecnologías, cuyas bases están disponibles pero hay que validarlas en los institutos de investigación, que nos permitan incluir la mayor cantidad de productores, actuales y futuros, en el crecimiento y desarrollo de la lechería uruguaya. La base no puede ser otra que la que prioriza la utilización del pasto ya que es la única que se acompasa con la inserción internacional de nuestros productos y nuestros competidores. El planteo tecnológico que algunos hoy promueven en función de la coyuntura, es un planteo concentrador y excluyente, que además en el mediano plazo genera riesgos en el proyecto lechero nacional al concentrar en cada vez menos empresas volúmenes crecientes de leche.

El tren de la intensificación en base a concentrados, encierros, etc., tiene pocos vagones, subirse a él cuesta muy caro y seguramente se maneja en varios idiomas. Estamos a tiempo de, como ya lo hizo el Uruguay en el pasado, pensar entre todos y como País, la lechería hacia el futuro. Sólo cabe esperar de quienes toman las decisiones, la capacidad y altura para hacerlo.



lunes, 30 de mayo de 2011

Articulo de Joaquin Secco

JOAQUÍN SECCO - Diario El País - Sábado 29 de mayo de 2011

A CONTRAMANO

Anàlisis

Joaquín Secco García es ingeniero agrónomo por la Universidad de la República, con estudios de posgrado en Economía en la Universidad de Lovaina (Bélgica). Ha sido consultor de diversos organismos como el BID, la FAO y el Banco Mundial. También es columnista de la revista El País Agropecuario.

Desde 2002, el agro se comportó como la locomotora del crecimiento económico del país facilitando una pronta salida de la crisis. Sin embargo, desde 2006, dicho impulso se fue debilitando con la excepción de la explotación forestal que mantuvo la aceleración a lo largo de todo el período. Mientras que entre 2002 y 2006 el crecimiento del sector promedió 6% anual, entre 2006 y 2010 fue de solamente 0.9%. La producción animal que representa el 60% de la producción agropecuaria, está cayendo a razón de 1,7% anual en los últimos cuatro años. Por su parte, la producción de granos está estancada en los últimos dos años y tampoco despegará en el año en curso.

Para explicar esta desalentadora modificación de la tendencia, existen hipótesis de muy diversa índole cuya ponderación es difícil de precisar. Como nos enseñan los sabios, para curar, previamente se hace necesario conocer. En la misma dirección, sería bueno que el país se diera el respiro para descifrar la coyuntura, descartando aquellos juicios que explican todas las cosas en todos los tiempos. La ganadería, la actividad más difundida en la campaña, ha cedido tierras a los cultivos y a los bosques. Pero a contramano de lo que se esperaba, no parece haber encontrado un camino de amplia cobertura para suplir con productividad la pérdida de áreas. La expectativa de una mayor alianza agrícola ganadera tampoco progresó al ritmo esperado. Habría que buscar razones capaces de explicar por ejemplo, por qué con la carne a estos valores, una vaca gorda sigue valiendo bastante más que una vaca preñada. Este indicador refleja la escasa preferencia para invertir en la ampliación de la máquina productora. Tampoco la producción ovina despega con entusiasmo. Solo la lechería parece salvar el honor vacuno. Por su parte, la producción de granos enfrenta problemas tecnológicos y de organización no bien resueltos, amenazas de deterioro de los suelos y costos que crecen desproporcionadamente.

En una primera fase, a la salida de la crisis, el aumento de los precios de exportación frente a una cierta inercia de los bajos costos internos, produjo un mejoramiento sustancial de la rentabilidad agropecuaria. En los últimos años, estas tendencias se invirtieron. Los costos han estado subiendo a mayor ritmo que los ingresos, mientras que el valor real de las exportaciones se ha venido erosionando por la pérdida del poder adquisitivo del dólar. Este ha perdido valor en el mundo, pero hay que convenir que en el país lo ha hecho mucho más aceleradamente. El costo de transporte es paradigmático. El agro mueve unos 20 millones de toneladas de productos de baja densidad económica, en pésimos caminos, con material de transporte encarecido por la protección Mercosur y con combustibles atestados de impuestos y de lastres monopólicos. Todo sumado parece diseñado por el enemigo.

Sobrevolando las razones técnicas, climáticas y seguramente las limitaciones gerenciales para jugar bajo el nuevo contexto global, existen razones vinculadas al clima de negocios. Los discursos con amenazas y prejuicios sesentistas, el gasto y el endeudamiento público que a través del tipo de cambio premia a los importadores y a los sectores de no transables en perjuicio de los sectores que deben competir en el mundo, están sin duda contribuyendo a la explicación de la desaceleración del sector más importante de la economía.

La idea repetida infinitamente por políticos, gobernantes, comunicadores, profesionales, académicos... de que el agro crece y se enriquece abusivamente, hace varios años que dejó de ser cierta. Los resultados de las carpetas de Fucrea o del Instituto Plan Agropecuario (IPA) reflejan claramente la pérdida de rentabilidad del campo. No es bueno que los gobernantes y quienes deben estar informados crean que la realidad es como ellos la imaginan. Tampoco es bueno que los gobernantes consideren que es conveniente castigar al campo, pero evitan enjuiciar la enorme ineficacia de la gestión pública. Con una recaudación fiscal sin precedentes se sigue aumentando el endeudamiento y la ineficacia de los servicios públicos, lo que parece irremediable.

Una de las características de la producción agropecuaria es su alta exposición al riesgo. Entre otras razones, la volatilidad de la biología, del clima, los mercados y de las políticas públicas. Unas causas se amplifican con las otras, creando un clima permanente de fuerte incertidumbre. En este contexto, la inversión y la innovación significan incursionar en un terreno desconocido que consecuentemente aumenta la incertidumbre, lo cual explica la aversión al riesgo y la fuerte precaución ante los cambios. Consecuentemente, las estrategias del campo son necesariamente conservadoras, como lo son en todo el planeta desde los caldeos y los asirios. Sin embargo, pese a todo, nada se ha modernizado más en el país que el campo. Las anclas del desarrollo están en otra parte.

El debilitamiento de las tendencias productivas es una parte importante de la coyuntura. La otra parte insoslayable es el proyecto de aumentar el impuesto a la tierra. Es un impuesto que va contra la lógica de la reforma impositiva discutida hasta la extenuación durante dos años. Aquello fue un logro de la razón y del buen gobierno. Simplificar, evitar pequeños impuestos -como este que se quiere crear- y sobre todo, evitar poner impuestos a los recursos productivos para no desalentar su uso y concentrar la imposición sobre las ganancias. Como argumento para convocar piedad, se dice que es poca plata. Siempre que es ajena parece poca. La pregunta que nace, es por qué entonces romper las formas de organización que se dio la sociedad, crear un ambiente de incertidumbre mayor y trasmitir la sensación de que en cualquier momento pueden nacer nuevas ocurrencias, caprichosamente y a contramano de asuntos laudados. Todo por poca plata. También es una buena preguntarse por qué no se gasta mejor en lugar de ir hacia una nueva escalada fiscal ambientada por codicias burocráticas.

En síntesis, una iniciativa sorprendentemente inoportuna, viene a erosionar confianza en un momento en el cual el crecimiento está en discusión y crecen más las dudas que las certezas. En ese contexto, se pergeña una medida descolgada de la lógica que ha ido construyendo el propio gobierno.